Fotos: Miguel Rivera
Poco se puede decir ya que no se haya dicho de
BERRI TXARRAK, los verdaderos salvadores del rock. De ese estilo propio, personal, con ideas y que suma y sigue con los años, o en su caso, con cada trabajo. Tres últimos discos de aupa, como ellos podrían decir, con los que han sentado las bases de un sonido que no podemos comparar. Esto es rock.
Puro rock.
Con “Jaio.Musika.Hil” ya mostraron su garra más melódica, para ahora, con “Payola”, dar un salto aún mayor. Grabado con Steve Albini en Chicago y sonando garage con las ideas más claras y el personal sonido que hace de ellos únicos, aun cantando en euskera, son capaces de romper fronteras y arrasar por donde van.
Justamente hoy, veo como el Antzoki de Bermeo cuelga el sold out a más de mes y medio de su actuación. Algo que justamente consiguieron hace pocas semanas en Durango, donde nos desplazamos aprovechando el puente, la feria del disco y libro de Euskadi y por supuesto, el genial Parque Natural de Urkiola.
Durango, impresionante pueblo de noche, donde la fiesta y el rock van de la mano en un casco histórico que ya quisiéramos para Madrid, todo ello aderezado por el Plateruena, conocido Antzoki de Durango, donde son numerosas las bandas grandes que recaen en la misma y que acertadamente, BERRI TXARRAK, eligió para colgar, nuevamente, el cartel de "No Hay Billetes”.
Normal que siendo tierra vasca la formación colgara este anuncio, pero también lo es, que su andadura haya hecho que crezcan a pasos agigantados y un disco como “Payola”, el cual presentaban, no hacía más que apoyar el interés por ellos.
Lo primero que tocaba, era observar con envidia el local. Como todos los Antzokis impresionante. Diáfano, con dos plantas y espacioso, con la típica barra y por supuesto, una disposición que no hace más que ayudar al disfrute, el que conseguimos desde un principio, y es que el trío sale con tranquilidad, sin cosas esperpénticas, directos tanto como lo son “Folklore” o “Maravillas”, donde ponen la carne en el asador en dos cortes de un nuevo trabajo que en directo suena cañón.
Sonido perfecto y una sala abarrotada, entregada y cantando de principio a fin sus letras, que para eso estábamos en Euskadi. Con “Zertarako Amestu” explotan la melodía de su disco predecesor. Impresionante ver sólo a tres músicos sonando como si fueran cinco o seis. Contundencia presentada por un Gorka que vive con solidez y recato sus directos. “Igarra Galdu" es otro de esos temas que no hacen más que vibrar a un público, que con brazos en alto y palmas, hacía más caluroso el ya de por si caldeado ambiente. Para volver a lucirse en uno de los temas más emblemáticos y espectaculares “Oreka”, de esos que obligan, por complicado que sea, saberse su estribillo para vivir toda su intensidad, esa que no hace más que impresionar, con colaboración incluida, en “Denak Ez Du Balo”, perfecto ejemplo de lo que es BERRI TXARRAK una explosión sonora de melodía y contundencia.
Difícil describir las sensaciones. Su tierra y su gente rodeándonos, mientras el inmejorable sonido se mezclaba con los coros del público, muy participativo, mientras la batería de Aitor comenzaba a tronar nuevamente con “Barba Eta Irudia” y el bajo de David arrasaba con su siempre inquietud sobre el escenario, dándolo todo; mientras que Gorka mantiene las formas y da buena cuenta de su calidad a las seis cuerdas, con una voz que se vio acompañada por un público que nunca les dejaría solos, ya sea en “Jaio.Musika.Hil” o “Espero Zaitzaket”. Porque poco importa lo que nos ofrezcan, todo su repertorio está hecho para agotarnos. Algo que consiguieron a lo largo de, nada menos que, casi dos horas de puro espectáculo: pulcro, sincero y directo.
BERRI TXARRAK volvió a mostrar, esta vez desde el norte y en un escenario incomparable, con la feria de Durango de fondo, que es el verdadero estandarte del rock en Euskadi. Comiéndose a muchas otras formaciones consagradas, y haciendo ver que su sonido, gusta tanto fuera como dentro. Porque al final, la calidad es lo que queda.