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SYMPHONY X
The Odyssey
Inside Out, Mastertrax
El 2003 puede representar un año clave para el futuro de Symphony X. Su gira como invitados de Stratovarius por toda Europa les dará la oportunidad de mostrar su tremendo potencial a una audiencia más extensa, y además, para respaldar sus actuaciones en directo, los cinco jinetes de New Jersey se han sacado de la manga un nuevo álbum, que lo mires por donde lo mires resulta soberbio.
Lo primero que llama la atención es el nuevo enfoque en cuanto a producción. Fue después de escuchar los resultados obtenidos con su disco en directo “Live On The Edge Of Forever”, cuando Michael Romeo y compañía llegaron a la conclusión de que capturar el poder de la banda en directo sería primordial para el siguiente lanzamiento discográfico. Y así lo han hecho, “The Odyssey” suena directo, fresco y crudamente diáfano. Las guitarras cortan limpiamente la contundencia de la base rítmica, mientras los teclados serpentean de un lado a otro, sin que en ningún momento las canciones resulten sobrecargadas. Cada instrumento luce por sí solo, el ornamento es la música en sí misma.
Metal con filo progresivo o Rock progresivo de ribetes metálicos, Symphony X tienen la virtud de darle a cada uno lo que viene buscando. Las avalanchas descomunales espoleadas por la maciza guitarra de Romeo, como en “Inferno”, “The Turning” o “King Of Terrors” son puro metal. Sí, pero no del convencional. Tras su máscara acerada se esconde el secreto del flexible bajo de Mike LePond, de los ritmos intrincados a contra punto, casi inverosímiles de (esa barbaridad de batería llamado) Jasón Rullo; tras sus riffs de heavy neo-clásico, descansan las dosis justas de antídoto anticorrosivo, de la mano del maestro de los teclados Michael Pinella, y para coronarlo todo, la apabullante demostración de fuerza modulada, en la voz del prodigioso Russell Allen. No cabe duda, “The Odyssey” posee su correspondiente dosis metálica, como invariablemente sucede con Symphony X, pero siempre desde el prisma de la calidad suprema, desde la intención de rockear potentemente con la mayor clase posible... y a fe que lo consiguen.
Luego viene la otra faceta, esa en la que el grupo da rienda suelta a sus influencias progresivo-sinfónicas, y es entonces cuando hacen acto de presencia las atmósferas densas, mágicas y elocuentes de “Accolade II” o “Awakenings”. Los mismos protagonistas, haciendo su trabajo de la misma rutilante manera, adoptan la apariencia de las fuentes progresivas de la que bebieron; trabajando cambios de ritmo, desarrollando fascinantes pasajes instrumentales, y sacando partido una vez más a la capacidad vocal de Allen. Todo hasta llegar al culmen del disco, la mastodóntica suite “The Odyssey”. Veinticuatro minutos al servicio de la música porque sí. Un despliegue maravilloso de imaginación, diversidad y gusto, donde Symphony X rinden pleitesía a aquellos Kansas, EL&P o Queen de los que se reconocen admiradores, aunque sin dejar totalmente de lado su raíz metálica. Siete capítulos para resumir la Odisea de Homero, siete partes para disfrutar de fenomenales arreglos orquestales y ambientes variados, que a nadie pueden dejar indiferente. Una gozada que acaba en su último fragmento, con la hímnica “Champion Of Ithaca”.
Parecen estar ante un momento fundamental de su carrera, y no hay mejor manera de afrontarlo que con un trabajo tan deslumbrante como éste. Señores, en pie... estamos ante el disco del año.
Rafa Llorente-Berreiros
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