MORGAN

MORGAN

27/01/2019

Teatro Circo Price, Madrid

No es fácil poder expresar con palabras muchas veces las sensaciones que puede ofrecer una banda en directo, y menos  a la velocidad con que lo ha hecho MORGAN.

 La banda liderada por la excepcional voz de Carolina de Juan se ha ido haciendo, pero a pasos agigantados para con solo dos discos (“North”/”Air”), hacer lo más difícil, calar y muy hondo además.
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Es así como esta joven formación en trayectoria, que como dice “termina de pagar las deudas que supone un disco”, está siendo reconocida como merece. Y ese merecimiento se encumbra, tras haberles visto varias veces, en un mágico escenario como el del Teatro Circo Price de Madrid. Es así, con dos noches dentro del circuito del Inverfest como la formación se eleva y nos lleva con ellos hasta los cielos.
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Qué mágico es asistir a un repertorio, una puesta en escena y una pasión tan sincera, profunda e intensa como la que hemos podido vivir en la segunda noche en el Price. Y ese sentimiento que todos nos llevamos, es el que Nina se lleva consigo junto con toda la banda, como bien expresaba a lo largo de un concierto tan precioso, tan bello en lo sonoro y visual, que pocos domingos consigue alguien alegrarlos de la manera en que lo hicieron anoche.
De esa manera nos adentrábamos en algo más de hora y media de una actuación de tarde, 19:30 horas, bien escogidas, donde hasta pudimos encontrar, y más concretamente un servidor, a sus sobrinos a mi lado, guerreros ellos, inquietos, quizás sabedores o no de que el talento vocal de un ángel que es su tía inundaba el Price.
Un lugar tan bello para una no menos bella voz que se acompaña de unos geniales músicos, perfectos en su cometido, al igual que la parte de vientos y las tres voces veteranas corales al más puro estilo soul.
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Con esos aderezos poco puede salir mal, nada podríamos decir, a pesar del intento de un idiota espontáneo en cuyo intento de tirar algo a la banda acabaría siendo algo puntual que no interrumpió al grupo. Anécdota de la que pocos pueden salir tan airosos como MORGAN. A pesar del revuelo del momento mientras sonaba “Attempting” la banda seguía a los suyo, incentivada por un público que entre aplausos continuaba con la velada.
“Estáis todos bien no?” preguntaba entre el nerviosismo y risas una Nina que en todo el concierto se mostró como niña con zapatos nuevos.
Es ahí donde ella funciona a la perfección. Canciones mágicas como “Blue eyes”, “Oh Oh” junto a la dulzura a piano de “Sargento de hierro” donde un Price en mute mode escuchaba con la piel erizada a una Nina que enamora.
Salvados por una música entre el soul y el rock con tintes Nashville más impoluto y perfecto. Con cada aplauso, con cada fan levantándose para silbar y rendir tributo, más naturalidad si cabe. Como si estuviera en su casa, con los suyos, Nina derrocha naturalidad, campechana en su totalidad pesar de ser una especie de Ángel musical venido del cielo para emocionarnos.
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Todo fluye, bajo 13 músicos cuando están todos, que suenan como uno. Aunque hubiera improvisación, todo suena perfecto. “Fying pecefullly” o el ritmo que encandila de “Thank you” servían de notas musicales perfectas. Todo entre un emocionado público que pedía más.
Retirada mínima para “Volver” ese gran regalo musical que nos llevaremos para siempre. Un foco para hacer brillar a piano una voz que volvía a silenciar todo el teatro, con respeto incluso de móviles, sin luces más allá que la que hacía brillar con su voz. Otro aplauso merecido y saltos de alegría, emocionada Nina, repitiendo eso de “que bien, que emoción”, la que ella impregnaba con cada canción.
Y para que el domingo fuera menos domingo, que ya lo era gracias a ellos, el ritmo de “Another road” pura esencia y baile, porque nos arrancábamos, entre gritos y aplausos, cada vez más largos para despedir como merece “Marry you”. Ese momento mágico e indescriptible en el que guitarra y voz a capela, sin apoyos, sonaba alto por el respeto pulcro de todos, solo roto para aplaudir levemente dejando que la voz volviera a inundarnos.
Y así, entrando ahora sí toda la banda para cerrar la canción, volver a levantarnos, grito en alto y palma dolorida, despedir con una especie de gracias y el corazón en un puño uno de esos conciertos que llevar muy dentro.
Eso es MORGAN. Naturalidad, una voz, un grupo y unas canciones. Sentimientos al fin y al cabo, manejados con la ternura, soltura, calidez y magistralidad que solo pueden ofrecer unos pocos. Ellos lo consiguen y siguen recorriendo ese camino que nos lleva a unas puertas del cielo que están cerca, muy cerca. En salas y lugares donde estos ángeles recaen cada fin de semana. Gracias, y mil veces gracias.
Miguel Rivera