Crónica de AIRBOURNE
Promotor: Encore Music Tours
Expectación. Mucha expectación era la que había el pasado miércoles en Madrid para ver
la primera visita a la capital de los jóvenes australianos AIRBOURNE. El buen ambiente y la buena acogida que tuvo la banda se palpaba en los alrededores de la Joy Eslava, donde había una larga cola horas antes de que abrieran las puertas. Tanto entusiasmo provocó el evento
en cuestión que se colgó el cartel de “no hay entradas”, lo cual también llevó a la organización
a reducir el número de acreditaciones de prensa, por lo que quien os escribe estas líneas tuvo que acudir al concierto sin su fotógrafa habitual, teniendo como resultado el hecho de que no podáis disfrutar en esta crónica de imágenes de lo acontecido durante el show. No obstante, haré un especial hincapié en intentar que os sumerjáis en el particular universo
de AIRBOURNE y de sus acompañantes, 77, de los que hablaré a continuación.
Al adentrarme en la sala el ambientazo ya se palpaba a las primeras de cambio. Un enorme telón de AIRBOURNE en el que aparecía un camión conducido por el mítico Lemmy
de MOTORHEAD y acompañado de la frase “No Guts, No Glory” que da nombre al segundo álbum de la formación, cubría completamente el fondo de la sala madrileña.
Los barceloneses 77 no se hicieron mucho de rogar y a las 20:30 salieron al escenario a darlo todo. Había oído hablar de ellos pero, a decir verdad, era la primera vez que me enfrentaba cara a cara con su propuesta musical. Desde el comienzo del show se mostraron muy animados y frenéticos, lo que rápidamente provocó el júbilo en buena parte del público. Uno tras otro fueron cayendo temas como “Your Game Is Over”, “Things You Can´t Talk About”
o “Shake It Up”, de su primer y único lanzamiento “21st Century Rock”.
El concierto fue en todo momento por buen caudal, si bien, las coordenadas bajo las que se ampara la música, tanto a nivel meramente auditivo como visual, de la formación catalana, me parecieron excesivamente similares a las de AC/DC en su etapa setentera con Bon Scott al frente. A nadie que sepa mínimamente de esto le debería coger por sorpresa el hecho de que ACDC haya creado escuela y su sonido se haya perpetuado generación tras generación. Ahora bien, a nivel personal creo que bandas como 77 deberían añadirle un ingrediente personal a su propuesta, de la cual disfruté, pero con la que me terminó quedando la sensación de haber presenciado el directo de una buena banda que rinde tributo a los australianos.
“Big Smoker Pig” cerró una actuación de media hora de duración en la que destacaría, como curiosidad, el momento “Angus Young” en el cual L G Valeta, el guitarrista solista, bajó a tocar entre la concurrencia durante el transcurso de un tema.
Pasados cinco minutos sobre las 21:30 aparecieron sobre las tablas de la Joy Eslava los cuatro miembros de AIRBOURNE, los cuales arrancaron casi sin respiro con “Stand Up For Rock ´N´ Roll”, la cual encandiló de nuevo al público tras el leve parón entre grupo y grupo.
Joel, vocalista y líder de la banda, hizo acto de presencia con su ya conocido aspecto chulesco y macarra, es decir, con vaqueros negros ajustados y sin camiseta, lo cual, quizá, tuvo que ver con el hecho de que el músico en cuestión tuviera fiebre tras la celebración del concierto y la banda tuviese que suspender las dos restantes fechas que les quedaban en tierras españolas.
El sonido desde el comienzo fue muy potente y compacto, aunque la voz de Joel estuvo algo baja durante todo el show. Temas de la talla de “Fat City” o “No Way But The Hard Way” fueron sonando a la par que la sala se iba convirtiendo en un auténtico hervidero de gente sudando que no podía parar de dejarse llevar por el buen rollo y la hechizante energía a la que AIRBOURNE nos estaban sometiendo. El ritmo era de infarto. La banda no paraba de moverse de un lado a otro, agitar sus melenas, volcarse con el público y hacer, en definitiva, el macarra sobre el escenario, lo que, sin duda, se transmitió perfectamente entre las acaloradas primeras filas.
Tras “Born To Kill” llegó el momento más rompedor, inesperado y espectacular de todo el concierto y es que durante la interpretación de “Girls In Black” Joel escaló con su guitarra hasta el primer anfiteatro de la Joy Eslava dando, literalmente, la vuelta al ruedo ante la enloquecida
muchedumbre y apareciendo por el lado opuesto del escenario para finalizar el tema. Realmente impresionante. Todo un claro ejercicio de actitud roquera por parte del frontman australiano.
Posteriormente sonaron piezas como el coreado “Diamond In The Rough”, con la que dos atractivas chicas que estaban a la derecha del escenario se despojaron de sus camisetas para regocijo del personal masculino, “Heartbreaker” o “Too Much, Too Young, Too Fast”, también bastante celebrada. Tras estas, la banda se retiró un leve momento para coger aire y a su vez dejarnos coger aire a nosotros. La archiconocida y algo alargada para la ocasión “Runnin´ Wild” y la bailonga “Black Jack” fueron los bises que pusieron el broche de oro a una actuación soberbia de setenta y cinco minutos que no creo que supieran a poco precisamente debido a la entrega de los músicos, la adrenalina con la que estos afrontaron el concierto y la respuesta que hubo por parte del público.
Son jóvenes, tienen lo que hay que tener para subirse a un escenario y hacer un excelente ejercicio de Hard Rock macarra y sudoroso y apuntan hacia lo más alto. Serán grandes.
Al tiempo.
Jorge Osoro (09/03/10)
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