créditos | publicidad     
 
   portada | noticias | entrevistas | discos | dvd | maquetas | clásicos | directo | opinión | fechas | buscador | foro | concursos | enlaces
 
 


  > opinión
 
> publicidad
 






Recomienda esta página a un amigo
LA REVOLUCION DEL CYBER-METAL

Lloraba compungido el replicante, empapado de lluvia y fatalidad frente a los incrédulos y derrotados ojos de su “blade runner” particular. La muerte, esa incansable perseguidora, era quien definitivamente había puesto fin al universo de vivencias y visiones sobrenaturales que ese superhombre/supermáquina había disfrutado y que ahora, como la lluvia que rodaba por sus mejillas, se perdería en el abismo de los tiempos. Como si nada de eso hubiera ocurrido jamás. Así de cruel es la muerte, así de injusto el paso del tiempo que entierra para siempre nuestros recuerdos y disuelve en la inmensidad del olvido la magia de tantos momentos, de tantas pasiones que nos hicieron inmortales, siquiera por un leve instante.

Quienes rebasamos la treintena (“tempus fugit” amigos...) empezamos a sentir el mismo vértigo que el personaje que encarnaba Rutger Hauer en la mítica película de Ridley Scott. Comprobamos con horror como nuestros más queridos recuerdos de aquella mágica época en que nos iniciamos en esta pasión desbocada que es el Heavy Metal empiezan a difuminarse de manera irremediable. No es ya una cuestión de mala memoria; las imágenes empiezan a perder nitidez y a ser engullidas por una imparable avalancha de modernidad tecnológica que, desde hace unos años, ha sepultado ya casi para siempre aquellas costumbres que marcaron nuestros primeros pasos en este apasionante mundo.

Durante mis primeros años como voraz consumidor de música Heavy mantuve unos hábitos que me eran impuestos por la evolución tecnológica del momento. Así, tenía que esperar un mes entero para poder comprar mi revista favorita y descubrir, con cierto espanto lleno de ridículos prejuicios, que el próximo disco de JUDAS PRIEST se llamaría “Turbo” y estaría plagado de teclados y guitarras sintetizadas. Una semana tenía que aguardar para devorar las migajas rockeras que los directivos de TVE nos lanzaban con desdén a las silenciosas legiones de fans que apostados en el sofá de nuestra casa afilábamos nuestros primitivos videos para lograr grabar algo decente que llevarnos a los oídos. También una semana era el plazo de tiempo para que desde lo más profundo de la madrugada dominical un pirata de las ondas nos dejara atisbar el material del que están hechos los sueños, tejiendo momentos eléctricos como aquella vez que radió el retorno del “sabbathico aquelarre” al mundo de los vivos. Mi conocimiento del mundo que amaba, el único que de verdad me importaba, me llegaba en ciclos temporales ajenos a mi voluntad. Los escaparates de las tiendas de discos eran, en muchas ocasiones, portadores de gratas noticias como aquella vez que vi la portada de “Master Of Puppets” de METALLICA en una tienda de discos de Biarritz, semanas antes de que llegara a editarse en nuestro país. Mis amigos, que ya se habían enganchado al grupo californiano gracias a la masiva grabación de cintas que se hizo en la cuadrilla de su mítico “Ride The Lightning”, me preguntaban por la portada, entusiasmados con la perspectiva de oír algo nuevo de un grupo que empezaba a causar una gran expectación.

Cómo ha cambiado todo. Hoy, tengo todas las noticias de mis bandas favoritas al alcance de la mano. Un leve click y puedo escuchar el último disco de tal o cual grupo para enfado de la SGAE y de las casas discográficas. Puedo, decidir el listado de temas que tocará GAMMA RAY en tal o cual gira y hasta puedo participar en la grabación de un disco o subirme a un escenario junto a mi grupo favorito con tan solo mandar un “sms” desde mi móvil. La tecnología de este mundo de consumo desaforado ha puesto en nuestras manos el poder de decidir casi al momento si tal o cual disco es bueno o malo. Lo que antes llevaba meses de corrillos litrona en mano y cassette vociferante a los pies hoy se dilucida en foros de Internet donde el “nick”, el “topic” y el “post” son expresiones modernas de una forma nueva y revolucionaria de comunicación. Internet, esa es la verdadera revolución que hará que todos aquellos momentos de los que hablaba antes se vean sepultados por una avalancha sonora e informativa que no soñábamos siquiera.

La música, que además de una de las más bellas expresiones del alma humana es también un negocio multimillonario, no es en absoluto ajena al avance tecnológico y la evolución de los métodos de grabación y reproducción han supuesto, a corto y medio plazo, un salto cualitativo en los hábitos sociales de consumo de la misma. En los menos de cientocincuenta años que median entre la invención del fonógrafo y la irrupción de Internet y los reproductores digitales la industria musical ha cambiado tanto como la misma sociedad a la que dirigía sus productos. Si durante décadas las discográficas han servido de plataforma de difusión de la música de todo el mundo, hoy día es más fácil encontrar más diversidad musical en la Red que la hallarías en las estanterías de cualquier tienda de discos. Los cimientos de un negocio que ha hecho ricos a algunos a costa del consumismo borreguil de unos y el fanatismo completista de otros se tambalean ante la total libertad de elección de un público cada vez más especializado, diverso e inabarcable. Estamos ante una crisis sin precedentes en una industria que da de comer a muchas familias en nuestro país. Es bien cierto que durante años los entregados fans del Metal hemos tenido que soportar ediciones infames de discos que en otros países sonaban mejor, estaban ilustrados con fotos que las discográficas nos escatimaban e incluían las letras que jamás aprendimos y que cantamos hoy día en “guachi-guachi” en los conciertos porque ellos decidieron inflar un poco más sus bolsillos antes que respetar la obra del artista y la fidelidad de quien les daba de comer. Habrá quien piense que a todo cerdo le llega su San Martin, pero el caso es que la quiebra de las discográficas impide que los grupos más arriesgados, esos que empujan las fronteras del Metal más allá de los manidos clichés comerciales, puedan editar discos y, en consecuencia salir a la carretera a ganarse el pan.

Las discográficas, como todas las empresas que compiten en el globalizado mercado de hoy han reaccionado tal vez demasiado tarde y hoy día raro es el cedé que no incluya letras, fotos, posters, vídeos, enlaces a material adicional en Internet... Ahora, cuando ven que el crecimiento exponencial del pirateo pone en peligro su negocio se esfuerzan por ofrecernos un producto de calidad intentando fidelizar a un consumidor que, poco a poco, se va despegando cada vez más del soporte físico y cada vez aprecia más la música por lo que es, no por cómo la visten. En el mundo del Heavy Metal, donde la afición todavía lleva a algunos a pagar cifras desorbitadas por una copia del “Soundhouse Tapes” de IRON MAIDEN en vinilo, ha encontrado la industria discográfica un pequeño oasis de fidelidad en el imparable páramo de mantas que solapan su negocio. El fan del Heavy Metal siempre preferirá tener el disco original al grabado. Grabará todo lo que pueda porque su pasión por la música no tiene límites, pero cuando llegue el momento de hacerse con su cuota mensual de discos, lo hará sin reparar en gastos, llevado por una venenosa pasión que lo consumirá hasta el fin de sus días poblando las crecientes estanterías de su casa de discos imprescindibles que, a pesar de lo que algunos crean, sí que se han oído más de una vez.

No soy capaz de atisbar un futuro para el negocio musical en este país. Intento mirar en mi bola de cristal particular y solo veo recuerdos de mi cada vez más lejana niñez. Intuyo que la plataforma que ofrece Internet tal vez pueda ser una vía para que los grupos, sean dioses consagrados o humildes maqueteros, puedan ofrecer su música con o sin intermediarios a unos ávidos fans que descargarán previo pago la música, los videos, las partituras o lo que sea de unos grupos que, como MARILLION, tal vez sigan existiendo gracias al apoyo de sus fans a través de la infinita Red.

Mis estanterías crecen a la velocidad a la que cabalga una mula digital que ha emponzoñado mi ordenador y me surte de tanta música que a duras penas soy capaz de escuchar. He descubierto grupos nuevos que de otra manera jamá habría llegado a oír y he profundizado en el conocimiento de grandes dinosaurios que ya no se lucran de la venta de sus discos. Pero sigo comprando discos, tantos como antes o más. Lástima que la avalancha haya colapsado mis sentidos y ya casi no pueda asociar muchos de ellos a momentos concretos de mi vida. Todos mis viejos vinilos traen a mi memoria momentos especiales de mi vida. Recuerdo con casi total certeza dónde y cuándo compré cada uno de esos discos y jamás olvidaré la enorme emoción que me invadía cuando, de vuelta a casa, fantaseaba con las melodías inmortales que llenarían mi cabeza en el mismo momento en que la aguja cayera sobre el vinilo. “The Last In Line” de DIO, “Somewhere In Time” de IRON MAIDEN o “Headless Cross” de BLACK SABBATH fueron escuchados con una devoción y una entrega que, debo reconocerlo con amargura, hoy ya casi no siento más que en contadas ocasiones. No vi atacar naves en llamas más allá de Orión pero soñé con un Eddie faraónico sentado en un inmenso trono de piedra antes de que se editara “Powerslave” y esos recuerdos, esos sueños y momentos inmortales se perderán para siempre, como lágrimas en la lluvia de esta imparable tormenta digital llamada Internet.

Carlos Fernández

Copyright © RockTotal 2001-2010, todos los derechos reservados. RockTotal no se responsabiliza de las opiniones de sus colaboradores.
Web alojada en Alojamiento 10.
Estadisticas y contadores web gratis