READY PLAYER ONE

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Warner

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En el mundo de la ciencia ficción Steven Spielberg es un maestro y en el de la cultura pop ochentera seguramente sea un líder. Sin haber leído la obra de Ernest Cline, que el director norteamericano fuera el que decidiera llevar la misma a la gran pantalla ha sido sin duda la mejor elección y su lanzamiento en DVD el momento de redescubrirla.

Sin llegar a sus obras maestras, solo Spielberg podía rememorar esa cultura que bien se encuentra en los elementos que esconde el programa Oasis del film como la furgoneta y esencia del personaje principal.

En el cine de entretenimiento, que de eso va esto, su director maneja con mano firme cada película y READY PLAYER ONE juega a ese emocionante juego de mezclar un vieojuego, en este caso en realidad virtual en 2049 con la cultura ochentera con la que muchos hemos crecido.

Pero no ha querido basarse en sus films, verdaderas referencias en dirección o producción de dicha cultura de los 80l, ha manejado sin exponerse demasiado elementos como juegos, King Kong, su Parque Jurásico y otros elementos variados de manera impecable.

Basándonos en que el film bien parece un juego actual, con lo bueno y malo que conlleva, la película a lo largo de dos horas sucede rápido en una carrera, nunca mejor dicho, por encontrar las 3 llaves que el creador del mundo virtual de Oasis dejó tras su fallecimiento para que el mundo entero luchara por encontrarla.

Que Tye Sheridan y Olivia Cooke no sean grandes estrellas hace mejor a la película, que en vez de basarse en la popularidad de unos actores de relumbrón basa su premisa en la historia y el poder visual al que asistimos. Una lucha por aquellos defensores de la cultura popular, del frikismo de algún modo convertidos en avatares a gusto del consumidor en lucha contra una gran corporación y su líder, desalmado de esa cultura y que solo ve el dinero. La vida misma.

Avatares introducidos, sin cuerpo como en la pelicula de Cameron, mediante realidad virtual. unas gafas, el Jump de Van Halen y tenemos una historia endiabladamente entretenida que, aunque previsible, su director maneja como cine actual revestido de la esencia ochentera que solo él podía cuadrar.