SIDECARS + SANTERO Y LOS MUCHACHOS

SIDECARS + SANTERO Y LOS MUCHACHOS

28/11/2014

Teatro Barcelo, Madrid

Attraction Management

Fotos: Miguel Rivera

Puede que los talibanes del rock no entiendan de sonidos suaves, de un rock de apertura musical y de atractivo juvenil, de esos que arrasan entre las chicas pero que por encima de todo desvelan actitud sobre el escenario y talento desbocado en disco.

SIDECARS es esa banda que a base de trabajo duro, de mucha carretera y esfuerzo ha conseguido hacerse un nombre, grande pero de repercusión aun media para el valor que poseen y los discos que guardan en su haber.

El resultado de su carrera es el de una banda trabajadora y de impecable directo, cada vez que salen a escena se conectan con el público y se convierten en pura sangres capaces de arrancar un sonido mucho más poderoso que en disco y que fluye cual rayo de luz entre su público.

Verles jugar en casa siempre es un placer y una apuesta a caballo ganador. La noche del viernes 28, muy lluviosa y fresca en Madrid se transformaba en calor humano y rockero en un escenario espectacular. El nuevo Teatro Barceló se presta como una de las mejores salas de la actualidad en Madrid, espacio diáfano recogiendo gran sonido y buena visibilidad desde todos los ángulos, junto a una primera planta que componen un deseoso local para conciertos.

Centrándonos en el directo, qué mejor que para montarnos en Sidecars abrir con SANTERO Y LOS MUCHACHOS, esa banda del “Pulquero” Miguel Ángel Escribá donde da rienda suelta a su gusto musical, un repertorio cincuenton en sonido de gusto impecable rodeado de amigos.

Su magia se muestra espectacular, es un sonido creado a base de mucho oído, de historia musical en su espalda y destellos de clase muy gustosa, de la que guarda una música entre los 50 y el spaguetti. Un resultado de traje, de particular esencia añeja donde Miguel Ángel guarda las formas de una especie de crawler ameno, afianzado por un grupo de buenos músicos, y unos “veteranos” que crean mayor empaque sobre el escenario.

Son coros, son guitarras añejas, melodías que son tragos de alcohol suave y muchas historias, de caminos por recorrer que gustan en temas como “Gusano” un pedazo de canción con clase, la misma que “Aun” de esas que un ojeador musical hace propia para una compañía. Es una banda de directo, que disfruta y calla bocas, porque el silencio por escuchar lo que tienen que ofrecer se hace patente.

La sala iba cogiendo color en su recta final, presentaban nuevos temas y versión ya conocida de “Quizás” y “Buenos y malos” aquí solo lo primero, porque ellos no son buenos, son muy grandes. El regusto clásico, que curiosamente nada tenía que ver con lo que venía, servía de especie de contraste entre lo cálido y frío del chocolate caliente y la vainilla helada cuyo regusto es doblemente disfrutado.

Después de la clase musical, en forma de lección rock clásico, dábamos paso al rock mucho más abierto, comercial en el buen sentido y de gusto de SIDECARS. Es conocido su poder de atracción entre las féminas, gran mayoría en un Barceló abarrotado especialmente de jóvenes chicas, pero donde melenas o rockeros más clásicos también se daban cabida, no sabemos si acompañando o con ganas de ver lo que en cualquier caso es una lección de hora y media de rock.

El gran escenario del “Teatro” acogía a SIDECARS, banda que salía a escena dispuesta a comerse al personal. Y vaya si lo logró, desde el minuto uno hasta el final. Es una banda que Juancho lidera con solvencia, con una gran voz, similar a su hermano Leiva, pero sabedor de que ellos van por otro camino por similitudes que aparezcan.

Sonidos a lo Pereza son claros en su música pero ellos sorprenden con desparpajo fresco, de quien lidera su propia escena y reivindica el rock. Evidente son sus ganas, más aun jugando en casa. Temas de solidez intensa “Déjalo sangrar” y su propuesta descarada de “Chica fácil” se mezclan con la sencillez melódica de “Soledad” mientras la entrega se supera por parte de un público enfervorecido que se las sabe como ellos.

Juancho es un gran maestro de ceremonias, que se ve acompañado de unos buenos compañeros donde Martín, su nuevo guitarrista se luce con desparpajo, bien conectado ya con ellos, volviéndonos locos, entregados a los suyos en “Chavales de instituto” de esas a medio camino entre románticas y rockeras que conectan, que hace te animes a cantar, mientras que lo dulce sale a relucir cual bombón de chocolate en la intensidad de “Los amantes” de esas que recibes con las manos abiertas.

Se manejan en todos los tiempos, saben entregarse o relajarse cuando debe, mezclando esos cortes más románticos o personales, la fuerza que desprende una sentida “Fuego cruzado” es de las que hacen hables después de sus conciertos, y la “comercialidad” de “De película” que produce magia entre su público.

Con esa entrega y con el público entregado, valga la redundancia, no queda mucho más que decir. Encontrarte en un escenario de esa categoría, jugar en casa y ver que el resultado, en cuanto a recibimiento y acogida numérica, sólo puede llenarte de orgullo, hincharte cual globo que explota con una recta final de las que hacen ruído.

Fuerza explosiva “Fuego cruzado” que sirve para presentar a toda la banda y alargar hasta que pueden una de sus más apasionantes canciones para rompernos con “Cremalleras” y dejar el pabellón tan alto que ya deseas poder verles nuevamente.

El conjunto es una bomba, si abres tu mente y sabes disfrutar de las melodías y el rock que se mueve entre lo canalla y los momentos más sentidos, SIDECARS se convierte en un gusto sobre la escena que despierta las mayores inquietudes y dibuja un escenario realmente abierto en lo musical, y jugoso en el resultado.

Miriyé