La jornada del sábado ponía fin a la celebración de una década del ya veterano festival madrileño, una noria musical a la que llevo subiéndome durante nueve ediciones (recordemos que con la pandemia no pudo celebrarse). Acompañado, como siempre, del mismo equipo de compañeros de prensa, hombro con hombro, dábamos cuenta de un cierre que, curiosamente y a pesar de ser sábado, jornada en la que suele darse la mayor afluencia de un festival, resultó ser la más reducida en todos los sentidos: 47.000 asistentes frente a los 57.000 de aforo completo del miércoles y el jueves.
UN CIERRE DE MAD COOL 2026 RESERVADO A LOS VETERANOS DEL ROCK
Un día en Mad Cool que estaba reservado a los veteranos del rock, algo que también se dejó notar en una media de edad más elevada a nuestro alrededor. Fue por eso, quizás, que pudimos movernos con comodidad y que, en algunos momentos, dadas las enormes dimensiones del espacio Iberdrola Music, pareciera como si fuera una jornada de paso. Pero vaya paso: el de un Nick Cave sobresaliente, que regalaba una actuación con la que desgarró el corazón y el alma de miles de asistentes.
NICK CAVE, LECCIÓN DE CLASE Y DE DOLOR SOBRE EL ESCENARIO PRINCIPAL
El reverendo Cave dio una lección de clase, de dolor —cabe recordar que perdió a dos hijos— y de pundonor, con una forma de interpretar tan desgarrada como sincera. A Cave se le puede tocar si estás en primera fila, porque quiso aprovechar en todo momento la pasarela para interpretar casi frente a frente con sus seguidores, sudando junto a ellos. Es ahí donde te toca a fondo con «From Her to Eternity» y «O Children».
Ataviado con traje, haciendo su figura aún más grande si cabe, arropado por una gran banda y sus coristas, con una voz y unos mensajes que lo inundan todo, hay que reconocerle a este casi septuagenario que lo tiene todo para dejarte estupefacto ante su figura y su talento, por poco que te guste su música. Temas como «The Mercy Seat» o la maravillosa «Jubilee Street» sacan todo el pundonor musical de una figura que se va creciendo, y nosotros con él, a medida que avanza su recital.
El de un reverendo musical cuyo mensaje cala y nos hace convertirnos a su religión, la de un rock clásico, oscuro y elegante que no deja a nadie indiferente. Es un músico al que la pantalla en blanco y negro parece querer casi más que en color, desviando nuestra mirada hacia las pantallas gigantes con los que este año ha contado el escenario principal del festival. Reflexiones, expresividad y mucho mensaje en «Henry Lee» y «Hollywood», pero esto no era una película, era un personaje de carne y hueso, auténticamente real, que nos llegó al corazón en su final apoteósico y emocional con «Into My Arms», momento en el que el mítico artista lanzaba un beso final a un Mad Cool que siempre recordará su regalo en forma de concierto único que llevar en el recuerdo.
THE BLACK CROWES, ROCK SUREÑO ATEMPORAL AL ATARDECER DE MAD COOL
Esa misma tarde, otros clásicos como The Black Crowes traían el rock al atardecer de Mad Cool, y lo hacían por todo lo alto. Suenan atemporales a pesar de todo, ajenos al paso de las décadas, con ese rock sureño de raíz que combina groove, blues y actitud a partes iguales, porque canciones como «Remedy» o «Jealous Again» serán siempre eternas para los que gustan del rock más genuino y sin adornos.
Los hermanos Robinson se mostraron en un estado de forma notable, con esa complicidad de banda familiar que se nota en cada mirada y en cada solo de guitarra, sosteniendo un directo que no necesita grandes artificios visuales para funcionar: aquí el espectáculo lo pone la música. Hubo tiempo también para versionar «Hard to Handle», uno de esos momentos en los que el público reconoce enseguida la canción y responde con la misma actitud que la banda despliega sobre el escenario, y para repasar buena parte de un cancionero que ha sabido envejecer sin perder un ápice de frescura.
Con mucha actitud de una banda veterana que sigue creciéndose incluso a estas alturas de carrera, The Black Crowes ofrecieron 90 minutos de rock sin concesiones, dejando el pabellón bien alto con «Twice as Hard» para regocijo de todos, en una de esas actuaciones que uno agradece especialmente en una jornada de clásicos como esta, y que confirman por qué siguen siendo una de las bandas de rock en activo más sólidas cuando se trata de subirse a un escenario.
DAVID BYRNE, COLOR Y BAILE EN PLENA JORNADA DE VETERANOS
Por el camino, la actuación de un David Byrne colorido que, a sus 74 años, sigue divirtiendo, contando sobre las tablas con 12 personas entre músicos, bailarines y coristas, repasando clásicos y dando espacio también a un par de temas de su última obra, caminando entre canciones de la talla de «Once in a Lifetime» o «And She Was», entre otras.
PULP CIERRA EL DÉCIMO ANIVERSARIO DE MAD COOL FESTIVAL
Y con Pulp y sus clásicos «Common People» o «Babies» llegábamos al cierre definitivo del décimo aniversario del festival madrileño. Una jornada más reducida, con menos afluencia y más veterana, para una edición de cuatro días completamente diferentes entre sí, casi temáticos podríamos decir, y que nos deja también la lectura de que la nueva ubicación del segundo escenario, día tras día, ha terminado por asentar la idea de que no fue buena idea moverlo.
Por lo demás, nos vemos el año que viene.
Texto: Miguel Rivera










