Sôber

Tras la palabra «Anandamida» se esconde la molécula de la felicidad, esa que ha querido dar título al nuevo álbum de Sôber. La banda madrileña regresa con muchas ganas, ilusión y felicidad, la que da llevar más de 30 años en lo alto del rock español.

El cuarteto ha querido hacer balance de un estatus que les permite mantener esa leal base de fans que siguen yendo a verles en directo, que apoya y compra sus discos en formato físico, cada vez más cuidado al igual que sus producciones.

Una nueva etapa con Juan como nuevo guitarrista para afrontar una gira que reunirá nuevamente sus clásicos de siempre con un nuevo y elegante legado que pronto se convertirán en parte de su historia. Hablamos con ellos en persona desde el restaurante Juana La Loca de Madrid.

Nunca pregunto por títulos de discos, pero «Anandamida», además de llamativo, sigue la estela de trabajos de una palabra: «Morfología», «Paradysso», «Reddo», «Vulcano», «Letargo»… ¿Hay una premeditación o veis algo natural?

Es algo natural, por ahora no está buscado. Si hubiese salido un título compuesto y demás, no habría habido ningún problema.

Pero es que realmente cuando surge este momento de esa molécula que define también esos momentos que nosotros vivimos con la música, digo, joder, es que esta es la molécula que a nosotros nos toca. Cuando vamos al local, cuando ensayamos, cuando estás componiendo una canción, ese momento de inspiración que te surge, que te nace, es esa parte como creativa que no sabe uno de dónde viene. Yo creo que es esta molécula.

También es un título que lleva a la necesidad de que la gente diga, voy a mirarlo, voy a buscarlo. Yo creo que mucha gente tampoco sabía que era «Mayéutica» cuando Robe sacó su disco. Y de repente tenía un trasfondo. Yo creo que «Anandamida» también tiene un trasfondo importante porque es una molécula que además genera nuestro propio cuerpo. O sea, que a veces tenemos nosotros la decisión de buscar la felicidad, no de buscarla de forma externa.

Tras más de tres décadas en la música, a la hora de hacer un nuevo disco, en estos tiempos tan efímeros, ¿se graba con las mismas ganas que hace 30 años?

Manu: Por supuesto. Desde que teníamos claro que entrábamos de nuevo al estudio, ese subidón, esa «Anandamida» que te produce está intacta.

Al final, hacer un disco, componer un álbum y meterte a grabar en un estudio, por muchos discos que hayas visto, creo que ninguno lo sientes igual, lo vives o lo compones igual. Cada trabajo es una experiencia nueva, única, y el ejemplo está aquí en la mesa. El resultado final de esta edición coleccionista y la edición normal, creo que si pensásemos en el consumo de música hoy en día, la venta de vinilos o de CD, no estaría esto encima de la mesa.

Y yo creo que esto es una declaración de intenciones, de seguimos aquí a muerte, disfrutando, viviendo de la música, como una experiencia única y que no todo el mundo puede sentir igual.

Jorge, hace años hablamos de bandas que llenan grandes recintos y que pronto desaparecen. Lo difícil es estar como vosotros, durante tres décadas y con una base leal de seguidores.

Jorge: Indudablemente. Es un mérito, es un logro y es mucha dedicación, mucha confianza en lo que haces y en depositar todas tus armas. Esto es a lo que un día decidimos dedicar el tiempo e intentar realizar los sueños.

Y eso es una serie de circunstancias que se tienen que ir dando, pero como decía Carlos, tienes que ser tú el que fuerzas las circunstancias. Tienes que sacar esa dopamina, tienes que sacar esa anandamida, como quieras llamarlo, pero tiene que salir de ti. A día de hoy, después de 30 años ya, seguir disfrutando de esto y poder disfrutarlo con el público, con tus fans, no deja de ser algo que agradecemos mucho, pero también es verdad que hay un esfuerzo muy importante detrás y estas cosas no las regalan, evidentemente.

Estas bandas que comentabas, pues quizás tienen éxito demasiado pronto y no son conscientes de que el esfuerzo tiene que ser algo diario. Como tal, te regalan de repente todo y esto se convierte en muy efímero, pero al final esa necesidad desaparece. Entonces eso lo tenemos dentro y es lo único que sabemos hacer.

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Bandas que con uno o dos discos llenan pabellones, dentro de la suerte que conlleva, ¿se pierden algo en ese camino?

Carlos: No lo sé. Yo creo que cada grupo le llevan las circunstancias y cada uno vive lo que le toca vivir.

Nosotros estamos muy orgullosos de haber pasado por ahí. Primero porque yo creo que eso nos ha dado unas bases como para que si tuviésemos que volver a las salas de 150 o 200 personas, sabríamos adaptarnos. Hay otros artistas que a lo mejor se sienten frustrados porque de repente ya no llenan un Movistar Arena.

Para nosotros llenar por entonces La Riviera cuando era de 3.000 personas, era la hostia. Y ahora ves un poco que cuando te saltas X cosas que al final no lo haces tú porque quieres. Por ejemplo, el caso de Arde Bogotá, a mí me ha encantado esta gira que han preparado con las entradas físicas, en medio para tener a gente cerca, luego llenan lo otro, pero no quieren saltarse esa parte que a lo mejor sí que es necesaria.

Entonces creo que sí que son bandas que lo tienen bastante claro. Hay otras, por supuesto, que oye, yo cuanto antes… Estamos en el estudio todos los días con grupos que les gustaría con ese primer disco ya petarlo, estar en festivales y están en todos los sitios. Y le dices, tío, ve despacio, porque si tú construyes primero que la banda en directo suene bien, vas cogiendo un poco esas tablas y tal para luego enfrentar un escenario grande y estar ahí.

Pero a ti ahora mismo te ponen un escenario grande y te haces caca y suenas como el culo, posiblemente los nervios no vas a saber canalizarlo y no vas a dar ni una nota.

Entonces todo eso creo que lleva un proceso y cuando pasas por todo eres flexible. Ayer estuvimos haciendo un pequeño acústico con canciones. Al final yo creo que eso también te da esas tablas y una manera de creer en lo que haces y estar seguro de ti mismo.

Juan, como miembro, ¿cómo te has adaptado?

No ha podido ser mejor. La verdad es que ya había una relación de años con Carlos y ellos me llamaron. En principio se habló de unos conciertos y las circunstancias me han llevado a hacer el trabajo juntos y no ha podido ser mejor, la verdad. Cuando alguien lo tiene claro y sabe muy bien lo que quiere, pues al que llega nuevo yo creo que se lo ponen fácil.

Todo ello conlleva la marcha de Antonio.

Carlos: Hay que comunicar que Antonio después de estos 30 años y el legado que ha dejado, por motivos personales, ha dejado de formar parte de la banda. Yo creo que vamos cumpliendo ciclos y que ahora nos ha tocado vivir uno. Después de ese 30 aniversario, esas tres décadas, afrontar nuestra carrera de una manera diferente y creo que eso también hace que tires hacia adelante y que se vayan quedando ese tipo de cosillas en los laterales, pero siempre con mucho cariño y mucho orgullo de haber compartido 30 años con Antonio.

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Residencias como Shakira o Bad Bunny se han convertido en una especie de reclamo turístico en donde el artista ya no se mueve y es el público el que se deja más dinero si cabe en entradas, desplazamientos, hoteles…

Jorge: Yo creo que la magia de esta profesión es eso, es hacer lo que sabemos hacer y cómo se diseña en su momento.

Yo creo que todo esto está muy bien, para algunos artistas le funciona, indudablemente, pero para grupos como Sôber y el rock, yo creo que lo bonito es viajar en un ámbito con público diferente, en su ciudad natal, donde esta gente te recibe con unas ansias porque resulta que llevan un año o dos sin verte y creo que el detalle y lo bonito es ir a visitarles a ellos. Lo van a disfrutar siempre de una manera diferente. Ese es mi punto de vista.

¿Cómo afrontáis la nueva gira?

Manu: Con mucha ilusión, muchas ganas, deseando volver a subir un escenario y plasmar todo este trabajo. Igual que antes con el disco, las ganas y la ilusión no desaparecen.

Montarse en una furgo, compartir ese viaje, risas, llegar a salas como en este caso. La verdad es que es algo que ilusiona y que hace que sigamos pensando, luchando y disfrutando de ello.

Más allá de lo meramente físico, ¿con los años hay que cuidarse más?.

Hay que cuidarse mucho. A la hora de salir al escenario físicamente, porque son dos horas de conciertos y algunas veces más. Es verdad que la voz es un instrumento vivo, es un instrumento que cada disco suena diferente porque tu voz va moviéndose. Y eso también es algo bonito, a mí me mola porque de repente escuchas «Reddo» y el timbre ahora, el tono de voz, cómo ha cambiado.

Y al final dices… Eres tú, pero eres tú en momentos diferentes de tu vida y van contando un poco quién eres por medio estados vocales. Pasan los años y no es que esté peor la voz, simplemente se acopla a otros sitios y a encontrarte con ello, a sacarle el mayor partido a eso que tienes.

La voz es el instrumento más vivo que hay y te va marcando un poco por dónde tienes que ir, pero hay que cuidarse al 100%. Si tú sales una noche de cachondeo, al día siguiente sabes cómo está la voz. Si tienes concierto al día siguiente yo creo que es en ese sentido que hay que cuidarse. Nosotros somos también de hidratarnos bien, de hacer un buen precalentamiento, salir al escenario como si fuese casi un entrenamiento y darle duro.

Jorge: Yo creo que Carlos lo ha definido muy bien, quizás Manuel es un poquito más joven y Juan también, pero nosotros llevamos 32 años, incluso antes de tener Sôber ya nos habíamos subido a escenarios pequeños o grandes. Ahora me encuentro mejor, quizás no físicamente pero sí mejor al salir al escenario porque sé dosificar, porque sé mentalmente cómo cuidar mi mente emocionalmente para afrontarlo.

Es un aprendizaje, es una carrera de fondo y así es la vida.

¿Cuándo creéis que llega el momento de parar para una banda?

Jorge: Yo creo que uno sabe cuando llega el fin de algo.

En cualquier relación, ya sea con pareja, familiar, amigos, trabajo, esto es igual. Creo que cuando no tienes que ofrecer, o cuando la convivencia de una banda se ve deteriorada por la falta de respeto, por la falta de interés, yo creo que uno acaba sabiendo cuándo algo deja de tener sentido, lo que haces y cómo lo haces.

Es un camino, es un recorrido, y cuando tú decides continuar con algo como cuando anunciamos en 2010 que volvíamos y dices que es para quedarte porque tienes asentada una serie de bases, y sobre todo de roles, que es lo más importante de una banda. Yo creo que las bandas que tienen eso claro pueden durar toda la vida mientras el cuerpo resista.

¿Se sigue yendo con humildad a la hora de montar una gira?

Carlos: Yo creo que somos conscientes al 100%. Porque realmente tampoco lo hacemos por eso. Llega el momento de decir, oye, ¿ahora qué aforos están haciendo? De arranque hay que salir con unas perspectivas, pero si nosotros vamos a arrancar uno que tiene un aforo casi 1.700 y de repente vienen 200, pues en la siguiente gira habrá que buscar una sala de 200 y adecuar un poco toda la producción. El grupo sí que va a seguir yendo.

El resto no lo sé, pero ocurre así. Hay que saber amoldarse, ser flexible y no hay unas expectativas muy grandes, pero tengo que decir que después de 30 años el grupo sí tiene un montón de fans y que les encantan los directos del grupo. Somos una banda que a lo mejor en números de Spotify no te sorprenden a nivel global, pero sí que somos un grupo que vamos y hay una base y una especie de sed de oírnos en directo. Tenemos suerte porque encima nos podemos mover por todo el país y somos un grupo bastante bien acogido.

Miguel Rivera