LOS ESCALONES

Sylvester Stallone, Plaza y Janés

El nombre del actor Sylverster Stallone siempre irá ligado al de Rocky Balboa. Ese papel por el que a día de hoy nos sigue viniendo a la cabeza aquella carrera por las calles de Filadelfia, los entrenamientos, los golpes y esa subida por las escaleras que terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de la historia del cine.

Pero antes de que Rocky se convirtiera en una leyenda, Stallone era un tipo que intentaba hacerse un hueco en Hollywood. Y eso es precisamente lo que me interesa de Los escalones, sus memorias. Porque conocemos al personaje, conocemos sus películas y sabemos cómo terminó la historia, pero no siempre nos paramos a pensar en todo lo que hubo antes de llegar hasta allí.

Antes de que sonara la música de Rocky

Una película funciona, el actor se convierte en una estrella y todo lo anterior queda en segundo plano. Sin embargo, en el caso de Stallone, la historia tiene bastante más miga.

En estas páginas, el actor repasa su infancia, sus dificultades y aquellos primeros años en los que perseguía una oportunidad en una industria que no estaba precisamente esperándole con los brazos abiertos. Un recorrido que ayuda a entender mejor de dónde sale esa mezcla de orgullo, cabezonería y ganas de demostrar que uno puede llegar más lejos de lo que los demás esperan.

Y es que, si hay algo que siempre me ha gustado de Rocky, es que nunca ha sido únicamente una película de boxeo. Es la historia de alguien que quiere demostrar que vale para algo, que no está dispuesto a aceptar que su destino venga decidido de antemano y leyendo el libro se hace difícil separar al actor del personaje que terminó marcando su carrera.

Rocky, el golpe que lo cambió todo

Rocky acabó convirtiéndose en un fenómeno y logró llevarse el Oscar a mejor película en 1977, pero lo verdaderamente interesante es que detrás estaba el empeño de Stallone por contar aquella historia y darle vida él mismo, todo en una película que conectó con el público de una manera especial.

Stallone consiguió convertir esa idea en cine y, de paso, cambió su propia vida.

Con el paso de los años, Stallone ha terminado siendo uno de esos rostros que asociamos directamente a una época del cine. Rocky y Rambo son dos personajes enormes, pero también han acabado condicionando la forma en la que muchos vemos al propio actor.

Gracias a la lectura de Los escalones podemos ir más allá de esa imagen que todos tenemos en la cabeza. Detrás de los músculos, los puñetazos y los personajes que parecen capaces de aguantarlo todo hay una persona con sus propias dificultades, errores y momentos complicados.

Lo que apetece de este libro es conocer al hombre que había antes de todo aquello y descubrir qué tuvo que pasar para que un actor que buscaba su oportunidad terminara creando a uno de los personajes más queridos de la gran pantalla.

Al final, la imagen de Rocky levantando los brazos en lo alto de las escaleras es la de un Sylvester Stallone que luchó para llegar hasta allí.

Miguel Rivera