Parque Enrique Tierno Galván, Madrid
22/06/2025
El fin de semana del 21 de junio lo recordaremos como una burbuja musical en directo en Madrid, reflejo de la que puede ser la excesiva oferta musical en vivo que hay en general en el país, y más concretamente en Madrid.
Festivales, conciertos de estadio, de pabellón y ciclos musicales, todo en uno que bien podría definir el título de aquella película ganadora del Oscar «Todo a la vez en todas partes». Todos los artistas al mismo tiempo en diferentes puntos de la ciudad.
Dellafuente llenando el Metropolitano por dos noches, los sonidos del ciclo de Noches del Botánico por otro, Leiva en el WiZink Center, el Kalorama en la Caja Mágica o el que nos ocupa, Rufus T. Firefly en el Alma Occident.
Casi insultante la oferta musical del fin de semana que daba comienzo al verano, para bien o mal, con pinchazo incluido y sonado del Kalorama y un flojo Tomavistas reciente, que igual dejan ver cierto agotamiento de la fórmula festivalera a la vez y en todas partes en Madrid, ciudad hostil para ello por otra parte.
RUFUS T. FIREFLY, «ALMA» PERO NO TANTA EN EL TIERNO GALVÁN
Para situarnos, el Alma Festival es de esos ciclos particulares, teniendo lugar en uno de los mejores y más bonitos recintos de Madrid como es el Parque Enrique Tierno Galván pero que en forma tiene menos alma que otros eventos, se presenta todo con cierto aroma «comercial» que también aglutina un público distinto, algunas caras nuevas que no ves luego en las giras de los grupos a actuar durante el año y que, en conjunto, se presta algo descafeinado en esencia.
Dicho esto, un pack con Shego y Rufus T. Firefly siempre es digno de agradecer, no tanto los horarios. Entendiendo que es verano, que el calor y la luz del día no acompañan para salir a tocar pronto, no es menos cierto que emplazar a Rufus T. Firefly a actuar casi a las 23 horas de un domingo es algo cuestionable.
Las chicas de Shego, con el atardecer de fondo, volvieron a dejar cuenta de ser una de los grupos más interesantes del panorama actual independiente. Tienen fuerza y desparpajo además de un buen repertorio de temas que han confirmado con su notable segundo disco «No lo volveré a hacer» del que hacen brillar con canciones como «Curso avanzado de perra», «Te mataré» o «arghHhh!».
Hay mucha química, energía y desparpajo, esencia coral y conexión con su gente. Energía de la que contagia.
El turno para Rufus T. Firefly llegaba a eso de las 22:45 horas, algo comentado entre gente cercana, que incluso llevó a que alguno decidiera caerse por los rigores laborales del lunes y madrugones mediante.
Si antes decía que en estos eventos a veces hay falta de «alma» en el ambiente, es algo que también se dejó notar en una de las actuaciones menos destacadas que les he podido ver a los de Aranjuez. No por repertorio, sí más por el sonido, sumamente limitada entiendo que por restricciones legales pero que quitó desde el principio a final empaque a su concierto.
Con la bonita «El coro del amanecer» la banda comandada por Víctor y Julia dejaba ver su propuesta entre un público que charlaba, cuestión particular esta porque escuchaba de forma nítida a la gente de mi alrededor lo que indicaba que el sonido y decibelios no era el que se puede esperar de un concierto de este tipo.
El repertorio de la noche iba a estar bien equilibrado con mucha presencia de «Todas las cosas buenas». Cortes como «El principio de todo» o «Camina a través del fuego» dejaban ver el buen hacer que retratan sus nuevas canciones sobre el escenario, con la voz de Víctor no tan brillante como habitual, o al menos esa sensación me dejó en algunos momentos de su directo.
Con una escenografía sencilla que hacía las veces de sombra de sus músicos en forma de siluetas con la pantalla de fondo, la banda brillaba en bonitas canciones como «La plaza» y «Todas las cosas buenas» junto al romanticismo sonoro de «Lumbre». La energía llegaba y contagiaba a un público que hasta el momento permanecía tranquilo con «Trueno azul» y «Sé dónde van los patos cuando se congela el lago», si bien el momento más increíble de la noche llegaba con «Canción de paz», momento en el que Víctor se dirigía a nosotros con una realidad acuciante: «Esta es una canción apropiada para estos tiempos», decía, en el día que despertábamos con la noticia de que EE.UU. había decidido lanzar un ataque a Irán.
El silencio, la emoción y los aplausos finales quizás ya solo valieron la pena de haber estado ahí, porque fue un momento que seguro los que estuvieron se llevarán consigo. En su final incluso la propia banda se vio quizás algo sorprendida con la reacción del respetable a tenor de los gestos de bonita sorpresa ante los aplausos y griterío.
Y claro, también se verían acompañados en el «Río Wolf» que se desataban ante nosotros y esa eterna «Nebulosa Jade» que ponía el cierre a un concierto que me dejó con cierta sensación fría, acortada también en el tiempo por una hora y cuarta de actuación que, en esta ocasión, se presentó escasa en conjunto.
Texto: Miguel Rivera
Fotografías: Ana Beltrán









