THE NIGHT FLIGHT ORCHESTRA – “Internal Affairs”

THE NIGHT FLIGHT ORCHESTRA – “Internal Affairs”

Coroner Records

Puntuación: 8/10

Sorprende que aún a día de hoy haya bandas o músicos capaces de sorprender. Que decidan montar un proyecto para dar rienda suelta a su creatividad, pasarlo bien y hacer que eso se convierta en una escucha más que agradecida para el oyente.

THE NIGHT FLIGHT ORCHESTRA consigue eso con mucho orgullo y calidad, y es que no todos los proyectos pueden presumir de sonar como lo hacen ellos. Primero porque le echan huevos, esos que se calientan de borrachera e idea de manos de Bjorn Speed, cantante de Soilwork quien junto a otros mecenas como su amigo el guitarra David Larsson o el bajista Sharlee D’Angelo (Arch Enemy) consigue ofrecer algo diferente y lleno de buenas canciones.

“Internal Affairs” es un disco diferente, de puro rock clásico que mira a la pista de baile y sonido de los setenta junto al rock más clásico, una mezcla de Bee Gees y Kiss por momentos, y eso de manos de un vocalista de la talla de Bjorn y gente del death melódico sorprende.

Y sorprende porque su cantante nada tiene que ver con lo que acostumbra, suave, clásico y de toque dulce y añejo sorprende de qué manera, todo bajo melodías con gancho y una esencia setentera que explota a base de coros y estribillos majestuosos.

Doce temitas que son una buena muestra de gusto y apertura musical. Como digo viendo el elenco de músicos que componen la banda suena de lujo escuchar la raíz clásica de “Siberian Queen” puramente AOR, dejando ver sus raíces suecas en “California Morning” con ese teclado y guitarras llenas de ritmo que bien podría firmar Hellacopters. Voz gustosa de Bjorn que deja claro lo inmenso que es en cuanto a registros, para tomarnos un whiskey de manos de la gustosa “Glowing City Madness” cuya melodía
embellece aún más la función.

Rock de baile setentero como “West Ruth Ave” te invita a mover la cadera por no decir de “Internal Affairs” cuyo tema da título al disco fiel reflejo de lo que quieren ofrecer, un corte sumamente disco a lo Travolta, mientras que “1998” suena a los KISS más
clásicos, ahí es nada.

Nada es lo que parece en este trabajo y cada tema es de su padre y de su madre, suena diferente y único y de ahí la grandeza de un proyecto que suena a nada parecido, a personalidad y sonido setentero, mezcla de rock y baile, pureza y elegancia brillante de un portento de músicos que dan con la tecla en eso de montar un proyecto a todas luces diferente a sus bandas.

Miguel Rivera