RUFUS T. FIREFLY

Han tenido que pasar unos cuantos años para que Rufus T. Firefly nos hiciera un nuevo regalo en forma de disco. La espera ha sido larga pero con los de Aranjuez siempre merece la pena, y así lo atestigua «Todas las cosas buenas», un nuevo e inmenso trabajo que sumar a su ya colección de clásicos eternos con los que cuenta su discografía.

Como ya hicieran en «El largo mañana» con respecto a «Magnolia» y «Loto», con este nuevo álbum rompen con su predecesor, siempre con la personalidad dominante del grupo de la que impregnan a sus canciones, pero llevándonos a otros terrenos que suenan igual de bien.

La banda quiso presentarlo antes de que saliera a la calle con una premisa poco habitual, novedosa, como fue la de realizar conciertos con la gente alrededor escuchando por primera vez el disco completo en sesiones con auriculares inalámbricos, entre la sorpresa, expectación y ensoñación de quienes hemos salido en cada concierto abrumados por esa magia de la que os hablamos aquí

Ubicaciones especiales para conocer de primera mano y en vivo unas canciones que completan una de las mejores obras del año, y tanto de ello como del camino recorrido hablamos con Víctor Cabezuelo y Julia Martín-Maestro en un momento mágico, ese que es tener un nuevo «retoño» musical.

Afrontar un disco de Rufus T. Firefly siempre es una experiencia diferente, es un reto que planteáis a la hora de grabar?

Víctor: Yo creo que no es un reto, es más bien una forma de ser. Somos así, enseguida nos cansamos de hacer las cosas de una manera e intentamos cambiar un poco la perspectiva. Por ejemplo, Juan, percusionista, que siempre ha sido un percusionista clásico de congas y de elementos muy orgánicos, pues ahora ha pasado a cajas de ritmos y secuenciadores, un montón de cosas así electrónicas, manteniendo también el lado orgánico de su percusión, pero todo mucho más procesado y un poco dándole una vuelta a todo. Ese yo creo que es un ejemplo.

Él tiene que aprender a tocar de una manera nueva para sonar en este disco, y es lo que siempre hemos hecho. Si ves, cada disco de Rufus está tocado de una manera y el sonido va por un lado o por otro. Creo que es guay porque hay una cosa de la gente que nos sigue que podría pensar a ver si vuelven a hacer algo como este disco que me gustó tanto, pero en realidad lo que hacen es pensar, «bueno, a ver qué han hecho».

Y es muy bonito tener esa expectación, que no pienses que va a ser más de lo mismo. Me parece que a mí los grupos que más me gustan hacen eso, no sé lo que van a sacar.

Al final, como que hemos tomado una decisión muy natural de decir, bueno, vamos a hacer un poco lo que queramos. No vamos a poner barreras de no se puede hacer, no, venga, vamos a hacerlo. Entonces sí que es verdad que el disco es como… es bastante ecléctico y es raro en Rufus, eso desde hace muchos años.

Teníamos la broma con Manu de que este es un disco de grandes éxitos de Rufus con canciones nuevas.

Con el anterior disco disteis conciertos tocando el álbum completo antes de lanzarlo. Ahora lo habéis hecho en sitios muy llamativos tocando ante un público escuchando la sesión con auriculares que pude vivir en vuestro primer concierto en Aranjuez. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Julia: Ha sido genial. A mí una cosa que me ha flipado es que la gente ha venido a escuchar un concierto sin saberse ninguna canción. Y el nivel de concentración y de estar mirando todo, cada detalle, era absoluta. Y a veces yo creo que es un poco más complicado cuando no has escuchado un disco que de repente nada te suena, el que pierdas un poco la conexión. Y ha sido totalmente al contrario.

Víctor lo dice mucho y es verdad que las sensaciones como cuando empezábamos a tocar, de repente todo es nuevo, ¿no? Ha pasado un poco eso. Y esa emoción que quizás ya no teníamos tan a menudo, de repente se ha vuelto algo muy normal en cada uno de los conciertos que hemos ido haciendo de esta gira. Hay que ver ahora qué hacemos en el siguiente disco.

Imagino que también a la hora de salir a tocar, con todo el público rodeando a la banda, ¿cambia mucho?

Julia: Hay conciertos en los que hemos salido temblando. La gente casi te puede tocar., a mí me han robado baquetas. Está tan cerca que es como loco, nadie se entera. Es muy flipante eso.

Víctor: Es que hay algo muy impersonal en tocar en escenarios. De hecho, cuando el escenario es más grande, más impersonal. Y claro, hay momentos que estás en uno gigante y te olvidas casi de que estás en un escenario tan grande. Y es como una cosa que parece que estás en tu habitación tocando, pero en esto tienes a la gente mirándote muy fijamente.

Dependiendo del sitio hay mucha luz, porque a veces hemos tocado de día y no hay ningún tipo de artificio. Estamos actuando ahí como muy de verdad y muy para la gente, y todo está siendo muy directo.

Pero para mí era uno de los lados bonitos. Es verdad que genera una emoción diferente y una tensión a la hora de tocar, porque están ahí todos los fallitos, pero mola mucho, porque es la verdad pura y dura.

rufus t firefly

¿Hay algún concierto que no os haya gustado, o al contrario, que os haya gustado más que ninguno de todos?

Julia: Ha habido muchos que me han gustado, por ejemplo, el que hicimos en el jardín de Cactus de Lanzarote, que fue bastante increíble. Es un lugar sagrado, allí nunca había tocado nunca nadie.

Esto fue una invención de César Manrique, hacer el jardín este. Y de hecho, luego nos vino una mujer que había trabajado con César Manrique, que nos dijo que no quería que aquí tocara nadie, pero que se puso a llorar y pensó «esto le hubiera encantado a César Manrique», dándonos las gracias.

Que te digan algo así es increíble. Y fue un lugar mágico, que yo sentí ahí como una conexión. Era muy guay, porque sí es verdad que todos los espacios donde hemos tocado de alguna forma estaban acotados, pero el Jardín de Cactus tiene como caminitos, donde veías a la gente caminar con los cascos, se podía mover sin perder absolutamente nada de calidad, estar tocando y de repente era personita súper lejos como observando el paisaje y disfrutando de él, además de la música. Es que eso es increíble.

Víctor: Luego por ejemplo el concierto que hicimos en Barcelona, que fue en una sala, nos pusimos en medio de la sala Wolf, pero ahí pasó algo muy bonito también con la gente. Con los cascos, que tú puedas interactuar con otra persona del público es complicado, y de repente había peña como animando al resto, como «vamos, vamos, vamos», y también es increíble que haya gente bailando en este disco de Rufus, eso no nos había pasado nunca en la vida.

Todas las cosas buenas, ¿es una forma de interpretar que estáis positivos o qué esconde en el disco?

Víctor: No sé si positivo es la palabra. No creo que estemos positivos, o sea, el contexto del disco es bastante oscuro, es un contexto chungo, lo que pasa que creo que se trata de intentar buscar un poco la pequeña luz que hay en toda esa oscuridad.

Hay un capítulo de ‘True Detective’ de la primera temporada en su final, que me encanta cómo acaba, porque está en un momento así un poco deprimente, y creo que uno de los protagonistas le dice a otro, sí, pero mira el cielo, siendo de noche ¿no? Ves que todo está negro, pero mira esas pequeñas estrellas que están ahí. Pues es algo así, me pareció muy bonito y creo que es eso, intentar aferrarnos un poco a las cosas buenas, que las hay, por supuesto que las hay, a pesar de todo, y a veces se nos olvidan, y creo que son por las que tenemos que seguir aquí, tenemos que seguir luchando.

Ya lo hablé con Zahara, pero tengo la sensación de que en la música, a diferencia del mundo del cine, cada uno vais por vuestro lado.

Víctor: Totalmente, yo lo siento todo el rato. Cada uno hacemos la guerra por nuestra cuenta y además tenemos la sensación de que todo lo que conseguimos es porque nos lo hemos peleado. Nunca piensas, «bueno, a lo mejor es que entre todos hemos conseguido crear un circuito y hay cosas que están pasando»

No, siempre piensas que es porque te lo has ganado tú. Porque todo el mundo está desesperado en la música. Y hay una cosa que me revienta, las desuniones entre músicos por una mera cuestión estilística, que las hay. Si tú haces este tipo de música me caes bien, si no la haces me caes fatal.

Estamos haciendo el mismo curro, no te tiene por qué gustar mi música ni a mí la tuya, pero yo quiero que tú estés protegido a nivel laboral, quiero que tengas derechos y quiero que la escena crezca de una manera sana. Entonces, joder, vamos a espabilar, tío. Es que o lo hacemos o vamos a ser los monitos ahí peleando que les tiran cacahuetes todo el rato.

La gente no sé si ya va a los conciertos grandes por FOMO pero se está creando una gran burbuja en torno a ellos, lamentablemente.

Víctor: Yo creo que nunca había pasado esto. O sea, nunca había visto a este nivel tan heavy. Y también de grupos españoles, que ya no es solo internacionales, sino que es lo que pasa con los grupos españoles.

Y es súper bonito y hay conciertos súper masivos. Pero a la vez, siento que está pasando que los grupos grandes cada vez son más grandes y los pequeños cada vez son más pequeños. Y que cuesta muchísimo que un grupo de León, por ejemplo, vaya a tocar a Sevilla y en una sala de 200 personas.

Cuesta muchísimo. Aunque sea súper bueno y aunque tenga un disco súper trabajado. En mi forma negativa de pensar de la industria y todo esto, lo que estoy sintiendo es que están explotando la gallina de los huevos de oro a saco, todo lo que pueda.

¿Que me pagas 200 por una entrada? Pues 200. Y les da igual todas las consecuencias y todo lo que venga detrás. Y no les importa que haciendo eso pierda a un tipo de público que a lo mejor es más melómano y ama más la música y se convierta en los conciertos.

A mí no me apetece pagar eso por una entrada, porque sé quién se está llevando ese dinero. Entonces, no quiero entrar en ese juego. Yo quiero creer que toda esta iniciativa o toda esta cosa que está pasando de que la gente está acudiendo a los conciertos, se pueda de alguna manera reconducir a que se cree una escena nueva. De alguna manera está pasando un poco con los grupos más underground. Yo veo que los locales ahora están llenos de chavales, y hace ocho años no había nada. Eso me gusta mucho y creo que son los que van a mover una nueva escena que empezará en las salas.

Pero ojalá lo sepan aprovechar y no hagan lo de siempre. De explotar todo y de repente también en las salas volverse locos y cobrarte porcentaje de merchan y cosas así, que es como absurdo.

O sea, siempre hay gente que es increíble. Pero me parece que esa gente, promotores y salas, no terminan de desarrollarse tampoco nunca. Y siempre terminan quedándose en un sitio bonito, pero pequeño. Y es como «joder, qué injusto». Esta gente que lo quiere hacer bien y lo sabe hacer bien, al final están aquí intentando que vayan cien personas a sus salas.

¿»Magnolia» lo cambió todo?

Julia: Bueno, quizás un poco. Pero también porque nosotros ya estábamos como… Perdimos totalmente la energía de ‘vamos a luchar por esto, ¿no?’ Fue como, bueno, vamos a hacer lo que queramos. Vamos a pasar absolutamente todo.

No nos va a importar lo que esté hecho o lo que no esté hecho. De repente, a partir de ahí hubo un cambio de nuestro público, de cuando lanzamos el disco fue también igual un rollo de, «mira, lo que queremos es tocar y ya está», no nos importan las condiciones.

Víctor: Con «Magnolia» nos pasó lo que estaba comentando Julia, que pasamos de la nada a todo. O sea, en 2017 éramos un poco los Alcalá Norte de 2017, de que teníamos el hype ahí, de que todo el mundo quería vernos, de que nos llamaban para todas partes.

Y entonces, claro, nos pasó una cosa, y es que veníamos de no tener nada a poder tocar en todos sitios y aceptábamos cualquier cosa. Y no nos dimos cuenta de que había mucha demanda por nuestra banda e hicimos un montón de festivales por 800 euros, por 1.000 euros.

Tocamos en el Mad Cool por 1.200 euros en una carpa en donde creo que habría 5.000 personas mientras estaban tocando Queens of Stone Age a la vez. No supimos valorarnos ahí y, claro, luego lo piensas.

Creo que a algunos festivales en ese momento les hicimos un favor, en plan, fuimos regalados de precio, nos pagaban con cinco minutos de barras y luego no nos lo han devuelto, tío. Luego, cuando el grupo creció y ya teníamos un caché, no nos han vuelto a llamar. Ha habido algunos que sí, por supuesto, no quiero generalizar, pero de otros que parecía que iban a muerte contigo nada dijo. Decían «es el mejor grupo del país», el mejor grupo del país y pagabas 1.000 euros.

Eso ha sido doloroso. Este verano, por ejemplo, verás que vamos a tocar en tres festivales. Creo que nos ha salido un disco guay, creo que a la gente le puede gustar y, bueno, pues no ha habido esa respuesta de «oye, ¿te acuerdas cuando yo hice esto?» Pues ahora no se acuerda. Entonces me ha dado un poco de rabia pero, por otro lado, también he aprendido que somos mercancía y ya está.

Si podían pagar por nosotros menos y llevarse la mercancía buena, se la llevaban, y ahora, pues a lo mejor tienen que pagar más y no quieren, prefieren buscar otras cosas o más rentabilidad o yo qué sé, lo que sea. Pero también nos ha hecho tomar la iniciativa de hacer cosas como lo de los cascos, de buscar otros caminos y hemos visto que son factibles. Que los grandes festivales están muy bien, pero también es un nicho muy cerrado y estamos felices cuando podamos tocar en ellos, pero cuando no, tenemos que seguir adelante y no pensar, «joder, es que ya nadie nos quiere en su festival», y decir, bueno, pues vamos a hacer nuestro camino y ya está.

¿Cómo vive Rufus ahora mismo? No sois ricos, pero ¿estáis bien?

Julia: No, no, estamos fatal (risas). Ahora mismo, claro, estamos en el proceso en el que acabamos de pagar un disco nuevo.

Víctor: Acabamos de comprar una casa, digamos. Ahora hay que ver qué pasa. No me siento muy mal, estoy tranquilo porque creo que el disco y lo que hemos lanzado está gustando, los conciertos están funcionando bien, pero vamos a ver qué pasa, la música es una incertidumbre constante.

Yo estoy feliz, creo que estamos en un momento muy dulce tocando juntos y está siendo muy bonito. Y estamos haciendo lo que queremos y seguimos aquí después de 19 años, estoy súper feliz. Tenemos que hacer otras cosas para llegar a fin de mes, aparte de Rufus, pero bueno, seguimos, es lo bonito, que seguimos.

Julia, ¿cómo llevas lo de cantar?

Julia: Pues mejor de lo que pensaba, la verdad. El primer concierto que dimos fue el de Aranjuez, estaba como con miedo, pero la verdad que muy bien y la gente sobre todo me está sorprendiendo un montón porque de repente salgo de la batería, que es un espacio para mí totalmente nuevo, y estoy disfrutando.

Esta inseguridad que he podido tener pues voy a convertirla en seguridad y voy a hacer las cosas con un poquillo más de tranquilidad no estando ahí súper nerviosa. Muy contenta.

Valoráis un medio independiente como otro grande como El País, lo digo porque y sin importar demasiado, muchas veces los artistas dan abrazos y a la hora de apoyar un trabajo como el que nos lleva a los medios todo esto, no se hagan un mínimo eco, con todas las horas, dedicación y esfuerzo que conlleva esto.

Víctor: Totalmente, ¿sabes qué pasa? Que también venimos de ahí, de ser un grupo que ha comido mierda toda la vida y que está por el amor a la música y ya está, entonces entiendo tu punto de vista. Es verdad que también pasa que al final todos son números hoy en día y joder, comprendo que haya artistas que se cieguen por eso, o sea, yo estoy seguro de que no soy capaz de entender que un artista no pueda estar agradecido por hacer una entrevista con cualquier medio, sea El País o un medio más pequeño, es más, las entrevistas más interesantes van a ser con medios pequeños porque le ponemos cariño y van a temas más interesantes y no tan genéricos, es donde más disfrutamos siempre hablando y siendo más libres al expresarnos.

A veces los artistas hacemos auténticas entrevistas simplemente por pensar que así te va a ir mejor y estamos, como decía antes, totalmente desesperados porque pasen cosas con el grupo y no sé, yo creo que es importante entender que no hay tanta diferencia.

Julia: Antes hacíamos la promo con otra persona y Víctor estaba muy acostumbrado a hacer ciertas entrevistas con medios que a lo mejor no eran muy grandes pero que a él le gustaba mucho compartir todo el trabajo que hemos hecho con esas personas. Una de las cosas que dijo cuando cambiamos de oficina era que por favor mantuvieran a toda esa gente con la que yo he hecho entrevistas, porque creo que son medios que han estado ahí y me gusta mucho cómo trabajan

Sí, es cierto que también es verdad que haces una entrevista con El País y es muy interesante porque sí es verdad que a lo mejor de alguna forma llega a más gente, pero también los medios que son un poco más pequeños quizás lleguen a gente que no llega El País, sobre todo lo que para mí hacen es tejido de todo, ocurre como con las salas, de ahí luego empiezan a salir otras cosas, es como la base, si te cargas eso no hay nada.

Miguel Rivera