Bajo el nombre de Flor y Trol se esconde el proyecto musical de Sophi (Sofía Rodríguez), cantautora y baterista de rock del País Vasco que ofrece ahora su disco debut «SAMI», un elegante trabajo discográfico con el que da el salto.
Un disco cuyas canciones de han compuesto a lo largo de años, reflejo de vida y música de una artista cuto trabajo autogestionado es el santo y seña de Sophi. Hemos querido conocer más a fondo su trayectoria y lo que esconde este proyecto musical tan personal como cuidado.
Un nombre muy particular, ¿qué hay detrás de Flor y Trol?
Flor y Trol era el título original que había puesto al single “Ámame o Púdrete”. Sin embargo, mientras jugaba con mi sobrina escuchando la canción, ella dibujó unas flores y unos enanitos, y pensé que sería mejor hacer un cambio: llamar a la canción “Ámame…” y reservar Flor y Trol como nombre del proyecto.
Hay un estilo autobiográfico como dices detrás de las canciones, “sin filtros”. ¿Lo aplicas también en tu día a día o es solo para la música?
En mi día a día, para bien o para lo regular, procuro actuar con respeto y naturalidad. Lo digo con cierta pena por lo que he perdido a veces por ello, pero también con una sonrisa. Ser uno mismo y afrontar la vida con autenticidad no siempre es bien recibido; caer bien a todo el mundo, decir que sí a todo y bailar el agua de cada persona… eso, sinceramente, es agotador y vacío.
Guardar la compostura mientras proteges tu personalidad y tus valores en una sociedad que cada vez maquilla y enmascara más la realidad es un acto de libertad: significa ir fuera de modas y corrientes, seguir tu propio ritmo. No pertenecer a un colectivo que no te representa es arriesgado, pero al final te devuelve la paz y la coherencia contigo misma.
Por eso, trabajo con personas mayores y dependientes me regala un espíritu distinto. Ellos nos recuerdan lo esencial: encontrarse y ser desde el amor y la calidad humana, cueste lo que cueste, más allá de apariencias, modas o expectativas externas. Esa conexión me da fuerza, claridad y la certeza de que vivir desde la autenticidad siempre vale la pena.
¿Cómo es crear, dar forma y lanzar un proyecto autogestionado?
Es algo que se lleva también en estos tiempos digitales que abren el campo y ayuda a darse a conocer. También está la parte negativa que hay un exceso de oferta, es más fácil o difícil por tanto hacerse hueco y llegar al público.
Llevo autoeditando y autogestionando mi música desde hace 16 años, no conozco otra manera de trabajar. Aunque sigo llamando a puertas para crear una base de agentes y colaboradores que impulsen mi proyecto, las condiciones que me han ofrecido a menudo resultan absurdas a todos los niveles, y además me piden grandes sumas de dinero. Siempre contesto que para mí lo importante es que se mime el proyecto. Lejos de priorizar la monetización, pongo por delante otros pilares: que me ayuden a buscar bolos, a desarrollar una promoción con sentido y coherencia.
Por ahora, lo único que me piden es: “tienes pocos seguidores, tus redes no son como las de otras artistas, posteas poco, solo subes canciones, ahora se lleva el urban y las mujeres deben dejarse moldear según lo que el público quiere ver (ojo, ver, no escuchar). Esto te cuesta X dinero”. Este tipo de discurso me cansa, me aburre y no va conmigo. Sé que no estamos en los 70 y que hoy la industria funciona más como empresa que nunca, con modelos de consumo y venta pensados solo para un puñado de artistas y oyentes guiados por algoritmos.
Aun así, sigo adelante. Mi circuito actual sigue siendo el independiente, y mis oyentes potenciales están entre los 35 y 65 años, lo que me da esperanza y confianza para seguir creando cantera de calidad a pasitos pequeños pero firmes.

Hay canciones como la estupenda “Hogar con sobras” por citar un ejemplo en la que me recuerdas a artistas como Aurora Beltrán o Nat Simons, ¿qué referencias se esconden en tu música?
Todas mis referencias vienen del rock duro, el hard rock de los 70 y el grunge. Suelo fijarme en solistas y voces de rollo rock que, en realidad, no tienen demasiado que ver con lo que yo hago —aunque de todos ellos me encantaría ser la batería. A la hora de componer me dejo llevar por lo que surge, sin intentar sonar como nadie ni estudiar cómo trabajan otros artistas. En ese sentido soy bastante desastre, muy pasota, y quizá por eso pop&trol encaja tan bien como etiqueta para lo mío (risas).
Dentro de la escena española, La Perra Blanco es para mí una gran referente: una artista talentosísima y una guardiana del rock en su esencia más pura. Tengo un tema compuesto en el que me encantaría colaborar con ella; le pienso tirar la caña porque grabarlo juntas sería una gozada. Ojalá me diga que sí (risas)
¿Qué puede encontrar alguien que se acerque a ver a Flor y Trol?
A día de hoy ofrezco un bolo de apenas 35 minutos, 12 canciones, prefiero menos canciones y que se vayan con buen rollo y con ganas de venir a otro, además como tengo tantas canciones puedo jugar a ir cambiando en los bolos el setlist, manteniendo ahora del disco que toco 9 , yo estoy a la batería y única voz, junto a un bajista y un guitarrista eléctrico.
En la era del single, de la escucha inmediata y donde nos rodean los impulsos muchas veces sin prestar atención a las cosas, ¿sigue teniendo cabida el disco?
He ido en contra de todo lo que me decían que “tenía que hacer”. Ir a grabar un disco completo no es solo un gasto económico, sino también cerrar un ciclo musical. Podría ir grabando canciones sueltas, pero eso me sale más caro a la larga y se siente como algo a medio gas: hay que volver varias veces, repetir procesos… y cuando tienes tantas canciones como las que llevo, prefiero ahorrar al máximo y esperar a poder grabar el disco completo.
Cuando por fin llega ese momento, todo tiene más sentido, más fuerza y más belleza. Es un acto de dedicación, de paciencia y de amor al arte, y el resultado se siente más completo, más “guay”.
Con el disco recién horneado, ¿qué feedback has tenido en sus primeras semanas?
A la gente le están gustando mucho las canciones y las letras, y están poniendo en valor esa habilidad especial de tocar la batería en directo siendo, además, la única voz me trasladan que lo hace especial, genuino.. bueno recojo todo lo positivo y de aprendizaje para ayudarme a crecer y analizar puntos de mejora continua.
26 minutos de duración, que dicho así es poco, ¿cuántas horas, días, meses de trabajo se esconden detrás de esa media hora?
Uf, hay canciones que compuse hace ya 14 años —como «Diri Diri Bang Bang Bang»— y otras, como «Comeré Tensión», nacieron apenas siete días antes de entrar a grabar. En la fase de preproducción trabajo sola desde casa en el home studio, y he invertido muchísimas horas en dar forma a cada tema y desarrollar todas las ideas creativas que tengo el ordenador petado de demos, maquetas, arreglos… como es un gozo y disfrute el proceso pues me da igual el tiempo dedicado, es precioso.
Ahora que finaliza el año, ¿qué resumen harías de 2025 y qué le pides a 2026?
A 2025 todavía le tengo muchas ganas: me lo estoy pasando súper bien y, creativamente, ya he dado forma a demos para tres discos. Justo esta semana estoy creando nuevas canciones, la máquina siempre horneando.
Para 2026 solo le pido seguir en esa dinámica creativa, rodeada de la gente adecuada, en los momentos adecuados, para continuar dando luz al proyecto. Además, quiero seguir grabando y tocar mucho más en vivo, para esto estoy segura de que nuevas personas me arroparán. Y, como siempre, mucha salud.






