La banda gallega Triángulo de Amor Bizarro suma dos décadas recorriendo el camino de la personalidad, esa que les ha convertido en una de las bandas más reconocidas y diferentes de la escena rock.
Beben mucho de los 90 y aflora su sentido combativo, especial y crítico en «Mi catedral», su flamante nueva obra en la que hablan de la pertenencia. Un disco por el que afloran los sonidos que le conocemos con la investigación sonora de la que siempre han hecho gala.
Una banda que, a diferencia de una escena plana en lo independiente, busca incomodarse para encontrarse, porque durante veinte años han tratado de sonar a ellos mismos y no seguir corrientes del momento.
De todo ello hablamos con Isa, Rodrigo y Rafa, unos músicos con las ideas muy claras.
Con dos décadas de carrera, ¿cómo se afronta volver a meterse a grabar un disco?
Rafa: A ver, yo creo que en general hacemos discos cuando hay ese impulso para ello, que va cambiando con el tiempo, pero sí que siempre hay un espíritu común. Yo creo que es el compartimiento de nosotros como banda, de tener ganas y de mantener esa idea, no por cumplir un calendario.
Rodri: Al principio, cuando tienes pocos discos, sí, la razón es en plan de ¡buah, más canciones! Porque al principio tenías para media hora de conciertos, luego duraba el disco y entonces quieres crear más canciones.
Eso es cada vez un poco al contrario. De repente tienes mucho material que tampoco puede ser tocado continuamente. Los conciertos de aniversario nos valieron justo para eso, a ver qué pasaba. De ahí salió que teníamos un sonido nuevo, era hacer lo mismo siempre pero con otro proceso completamente diferente, y ahí encontramos la idea de hacer un disco con esto.
¿Estáis al feedback una vez que se lanza el álbum o se está a otra cosa?
Isa: Claro, estás atento, lo otro es imposible. La música es para que la escuchen los demás. Si la haces para ti, pues vale, pero no la publicarías. Nosotros también vivimos bastante aislados al final y no estamos nunca en la onda de lo que pueda estar pasando o de lo que pueda molar. Creo que es una virtud para nosotros también. Pero estamos siempre con la sospecha de lo que nos gusta a nosotros ¿le gustará a los demás también? Eso siempre está ahí. Es inevitable.
Rodri: Escuchamos mucha música de toda época, también música de hoy, de ahora. Como por fin están volviendo las guitarras, están volviendo las bandas. Sí que nos interesa hacer paralelismos con estilos, cómo eran los estilos similares hace años. Y sí que nos interesa saber por dónde va un poco porque al final también te ayuda a decidir; muchas cosas de hacer un disco es decidir.
Intentas encontrar familiaridades con música que a ti te gustaba. Y también te ayuda un poco a decidir. Sí que hacemos un esfuerzo en estar al día y que nuestros discos suenen un poco a cada época. Estamos libres de la decadencia de toda la escena festivalera que surgió en los 2010 porque nunca pertenecimos a ella. Y sí que vemos que ahora está entrando otra fase y están saliendo otra vez grupos de guitarra que no tienen nada que ver, es más, son como una respuesta a esos grupos.
Y nos identificamos porque nosotros también éramos una respuesta a toda la onda mainstream de los 80, de los 90. Y esa era un poco la motivación principal de grupos como nosotros, que era hacer música que ya parecía que no existía, pero que sí que había gente que quería escucharla, entre ellos nosotros. Empezamos a hacer música que nosotros veíamos que se hacía fuera, era un poco hacer la música que queríamos escuchar.
Isa: Sí, yo creo que el punto de partida muchas veces es ese. Tú como persona que escuchamos algo que te guste. Nosotros cuando hacemos un disco es para que lo escuche gente y quieres que le guste. Pero ese nunca es el punto de partida, porque no sabes lo que le va a gustar a la gente. De hecho, eso es lo guay de la música. Le va a gustar algo totalmente diferente en cierto momento.
Yo también creo que llevábamos bastante tiempo en una escena musical plana, es un poco lo que cuenta el vídeo de Pantomima Full sobre el indie.
Rodri: Sí. lo vimos. Es una tendencia, un estilo que vimos crecer, cómo se iba formando ese estilo pero también en el momento vimos que se estaba separando. Estábamos ahí, compartimos muchos espacios, muchos festivales, mucha escena, incluso cierta parte del público.
Pero, claro, nosotros era justo todo lo contrario. Pero está bien eso. Siempre tiene que haber alguien que haga lo contrario. De hecho, creo que esa escena en gran parte entró en época más caduca justo por eso. Porque ya había una homogeneidad de bandas. Parecía que determinado festival tiene que ser ese tipo de estilo, llevando todos el mismo sombrero, el mismo chaleco. Pero a su vez, si lo tomas como una oportunidad ves todo el campo vacío en el que no hay nada sembrado.
Empezamos en una época en que había un montón de grupos de todo tipo de estilos a cada cual más raro. Gente explorando cosas inverosímiles, y de repente eres una gota en el mar entre una cantidad de talento en bruto… Y de pronto, como que ese espacio se vació por completo.
Estuve en Las Vistillas, la limitación a 90dB tiró por la borda el sonido en las fiestas, entre otros vuestro concierto.
Rodri: Ya, fue una pena. Llevábamos dos semanas peleando por eso. Ya nos había informado que el imitador… En estos casos el imitador se suele poner en el control de la mesa de sonido., entonces tienes un cierto margen. Aunque suene bajo, te puedes dar más del doble en la propia PA.
Pero esto yo creo que fue un poco a traición. De repente, la información que nos llegaba de parte de tal era «no os preocupéis que es todos los años así», pero no ha sido así.
La diferencia fue que el imitador lo ponían a un metro de la PA. Había gran parte de la PA que la tenías que tener apagada porque si no con el escenario ya… Había una sensación de estar en contra… Nada remaba a favor para que eso pudiera sonar.
Es que eran 89dB, y bueno, eso impedía de alguna manera que ni el equipo que había contratado pudiera sonar.
Isa: Era como un poco… Pues sí, somos guays porque traemos grupos un poco diferentes o lo que sea. Pero al mismo tiempo era una trampa. Porque además, también vieron que había también oportunidad de reivindicar cosas como fiestas del pueblo que nos importan a todos, como el tema de los desahucios. Los grupos que tocamos allí somos grupos normales, comprometidos con lo que nos pasa a todos y tal. Aprovechamos el micro muchos para estar ahí, cosa que tampoco debió de ayudar a que se dieran más volumen seguramente.
Rodri: A ver, creo que es un poco de castigo eso. Pero bueno, son medidas dictatoriales. En nuestro caso, la tesitura, de repente llegas ahí y dices tú, pues cancelo, no toco pero tú vas a meter problemas a otro equipo, vas a meter problemas a los que hacen la contratación externa, a muchas personas.
Seguramente hay mucha gente que suele viajar, que pilla un hotel y coge el día libre. Hay muchas circunstancias. Siempre esperas que mejore todo en pruebas sonido, a ver qué pasa, pero nada.
Rafa: Mira, nosotros sí que tocamos por ahí y hay a veces limitador, pero el limitador de 100 dB es… Es decir, el número de dB es logarítmico, es exponencial, es decir, cada 6 dB se doble el volumen. 96 es el doble que eso.
102, que suele ser una medida muy normal, es el cuádruple de ese volumen. Y cuando tenemos 100 dB es en plan no vamos a poder dar toda la caña que queremos, pero puedes hacer un concierto que me van a venir quejas de atrás que no se escuchaba, ya lo sabes, pero 89 dB directamente es que es una pantomima, porque sabes que no puedes hacerlo…
Rodri: Me parece un poco como cuando fue el desastre en el Madrid Arena. Fue un desastre fruto de la corrupción. Es decir, ocurrió por no cumplir la normativa, pero lo que se hizo para desviarla fue un poco culpabilizar a todos y de repente se revisaron todos los recintos de Madrid y yo me acuerdo durante una temporada ridícula, era un ruido ridículo, de recintos que había que eran aforos completos y estabas a cuatro metros de la siguiente persona. De repente era el ruido de no, no, la culpa es de la normativa, de que no cumplís la normativa y a mí esto me da un poco igual.
A lo mejor tiene que ver con el ruido del Bernabéu, que de repente lo vamos a pagar todos.
A la hora de trabajar, ¿habéis cambiado con los años?
Rafa: En lo básico, es lo esencial. Es que yo creo que parte de lo que es tener una banda, tocar juntos y hacer temas, grabar discos, irnos de gira por todos lados, es como que vas creciendo en conjunto.
Rodri: Ya no es que cada uno toca, y sí de cómo tocas mejor con el resto. Venimos de la sala, del local de ensayo, de escuchar mucha música de la contracultura. Venimos de eso. Y después, pues fuimos mejorando con mucha técnica, con todo eso.
Pero la base sigue siendo eso, de escuchar música que nos apasiona. Y todo sigue viniendo ahí. Ahora podemos hacerlo mucho más, profundizar mucho más en nuestro estilo.
Es un estilo que, al final, llevamos desarrollando 20 años. Nunca nos interesó meternos en estilos que tampoco nos apasionaron, ni que no conocíamos, ni por tendencia. Porque al final lo haces de forma muy superficial.
Creo que la música es infinita, siempre se le puede dar una vuelta. No creo en el que todo está inventado, siempre se puede dar un giro. Como es algo de emociones, no es solo la forma, todas las emociones son nuevas, siempre puedes añadir cosas. Tu límite es tu capacidad.
¿Cómo es la escena en Galicia?
Rafa: Pues la verdad es que ahora hay esa vuelta de gente tocando, montando bandas, no pensando tanto en una especie de futuro dentro de la música, juntándose para tocar.
Hay grupos interesantes que empiezan, que son muy chavales, que van desde la pasión y que además van encontrando sitios en los que desarrollarse, salas, tienen como además un público que está volviendo ahí, gente de su edad, y eso está muy guay.
O sea, como que ves una posibilidad de, pues no sé cómo va a ser, pero sí, hay movimiento desde la base, que yo creo que es lo interesante, y de gente joven. O sea, esa concatenación puede llevar a que sea algo muy interesante.
Rodri: Hay una escena potente de músicos muy jóvenes, están como trayendo músicas que también estaban ahí un poco desaparecidas, un poco muy relacionadas a lo mejor con los movimientos institucionales.
Es lo que dice Rafa, que viene de la base y que interesa mucho a los jóvenes. Y es que yo creo que sí que está viendo otra vez movimiento, un poco lejos de la música más estándar y más comercial. Creo que venimos unos años en que primaba el artista famoso, pero ves que empieza a abrirse la cosa hacia otro sitio. Los chavales están un poco aburridos de ese rollo de música de artistas tan comerciales, tan masivos, y que al final su discurso es la nada. Y todo esto está cambiando.
‘Mi catedral’ ¿qué esconde?
Isa: Es un poco un refugio. Tampoco me quiero poner muy filosófica, pero bueno. Sí que al final las catedrales, aunque tengan esos sitios tan espirituales tienen mucho valor artístico y tal, al final se supone que lo que tienes que encontrarte allí es a ti mismo y a lo mejor no hace falta algo tan grande para encontrarte en un museo. Por eso «Mi catedral». Es como construirlo un poco personalizado a cada uno.
Rodri: Es un poco que en tiempos difíciles, en tiempos feos, como son los de ahora, sí que es importante seguir haciendo cosas y seguir intentando tirar p’alante y no de repente rendirse. Porque si te dejas llevar por lo que te dicen en redes sociales, conciertos, no puedes hacer nada, porque si empiezas a hacer un grupo y si te fijas en lo que tú mismo haces, te da una proyección.
El rock and roll viene desde donde viene. Lo único que tienes que hacer es si te gusta algo, probar, si se te da bien, adelante. Puedes hacer cualquier cosa.
Y era un poco esa idea. Es un disco que está lleno de canciones de banda, que suena a banda, de algo que la gente lo escuche y vea que lo puede hacer sin necesidad de tener un millón de dólares para estudios y promoción, que que lo puedes hacer tú mismo con cuatro cosas. Y en colectivo, que no sea solo un gran artista, más bien de una banda, es un colectivo de personas que hacen algo que nosotros no podríamos. Nos cuidamos mucho de que todos los instrumentos tuvieran un peso similar, que no hubiese instrumentos principales o de relleno, que fuese un diálogo entre los instrumentos.
¿Creéis que las nuevas generaciones tienen menos espíritu de lucha?
Rodri: No. En la época también tragábamos ruedas de molina absurdas.
Isa: Tienen menos independencia eso sí porque al final no tienen un agujero en el que caerse, es peligroso porque vienen todos de casa de su madre con el tramadol porque están jodidísimos. Es una base que te arrastra, ni compartir cosas en común porque si lo ves desde casa de tus padres lo haces desde la pantalla por la que estás bastante dirigido por algoritmos y cosas que no pasan de verdad. El mundo real, estar con cuatro colegas de tu edad haciendo la imbécil todo el día es muy importante para descubrir tu identidad y diferenciarte de los demás. De ahí viene mucho esa ansiedad, ese rollo gregario que es necesario, y las redes sociales llegaron para joderlo.
Rodri: El salto es muy difícil porque nosotros podíamos meternos en un tugurio, pero eso lo cambia todo. Cuando éramos jóvenes existía la tribu que te daba cierta protección. Ahora es mucho más difícil encontrarte. Antes bajabas a la calle y había mil personas de tu edad, no tienes esas soledad y podías conectar con uno o con otro, siempre había alguien por raro que fueras, y eso creo que se rompió. Y la vivienda también es algo definitivo.
Isa: Se generaba una cierta sociedad fuera también de tu familia, y ahora se ha reducido mucho a relacionarse a través del móvil, derivando en cierta soledad.
Entrevista de Miguel Rivera








