MUCHO

Dice Martí Perarnau IV que cuando comenzó a dar forma a lo que tenemos entre manos, nada menos que el nuevo disco de MUCHO, solo era un «experimento que me receté», comenta. Pus bien, dos años de trabajo y libertad creativa en el pueblo, después de dejar atrás Madrid, sin saber muy bien si por elección o por expulsión de la propia ciudad, encontramos «¿Puede Martí bajar a jugar?.

Es este un trabajo cuyo título refleja esa nostalgia y recuerdos, quizás vistos desde la ventana de la tranquilidad que da la distancia, de quitarse las presiones y «no estar para nada pendiente de lo externo, lo que creo que es una gran liberación». Libertad creativa tras años de trabajo como productor y músico con Zahara o León Benavente. El resultado es un nuevo experimento musical de su proyecto más personal, en el que buceo junto a él desde la sinceridad de un músico que habla de verdad y sin disfraces, algo de agradecer en estos tiempos de «mojarse» poco.

Desde 2019, si dejamos al margen el EP, han pasado varias cosas: la pandemia, Juno, la gira con Zahara… ¿Todo eso ha hecho que tu proyecto se quedara en barbecho o ha sido una cuestión creativa?

Martí: Realmente sentí un vacío creativo desde que hice el EP en la pandemia y desde que hice «Puta» con Zahara. Las canciones que había hecho Zahara en ese disco tenían un peso muy importantes, por lo que un señor de 37 o 38 años se pusiera a hacer canciones sobre lo que le estaba ocurriendo en ese momento. No tenía ni ganas de hacer canciones, porque pensaba: «¡Ostras, claro, lo que tiene sentido es esto que está contando esta señora!».

Después, con los discos de Juno, ese motor creativo también se tranquilizó, porque realmente estaba haciendo canciones. No sentí la llamada de volver. Y también se me había hecho mucha mochila por tener que sobrevivir: que MUCHO fuera mi proyecto, tener que hacer una carrera con él, dar conciertos, ganar dinero y buscarme la vida. Todo eso me quitó un poco las ganas de hacer música.

Por un lado, en el buen sentido, estaba lo de «Puta»: a veces sientes que no es tu momento. Por otro, estaba el sistema apretándote y haciéndote pensar que no tienes ganas de hacer canciones, pero que vivir de tu grupo tiene que ser así de difícil. Tardé mucho en volver a sentir la llamada, y llegó sin que la esperara, sin presiones.

Te sientes un outsider de la industria, en general.

Sí, así me siento.

Por tanto, no tienes los tiempos que quizá se marcan a otros artistas y puedes crear con más libertad.

Creo que aceptar que no voy a vivir de MUCHO, que no tiene que ser un proyecto del que viva ni tengo que hacer muchos conciertos para mantenerme, ha sido la clave de todo.

Cuando dejé ir esa idea, empezaron a venir las canciones sin quererlo. Esa es la verdadera liberación. Al principio ni siquiera sabía que iba a sacar un disco. Hice una carpeta en el ordenador que se llamaba «Puede Martí Bajar a Jugar». Eran experimentos, pequeñas misiones en el estudio para encontrar sonidos nuevos. De repente, esos experimentos se convirtieron en canciones.

Un día le puse una letra a una, me puse a cantar y pensé: «Ah, bueno, pues aquí». De repente volví a sentirme como un niño pequeño en casa de mis padres: «¡Ah, qué guay esto de cantar!». Y entonces tuve una canción.

En ningún momento pensé que alguien fuera a escuchar aquello ni si le iba a gustar. No estar pendiente de lo externo es una gran liberación. Y eso conlleva admitir que no voy a poder vivir de ello, que no va a ser mi trabajo. Es un poco lo contrario de lo que me habían vendido toda la vida: que el sueño era poder vivir de tu música. Ahora ya no es el sueño. Ya lo he aceptado.

Lo relacionaba con cómo entiendes el proyecto de MUCHO: no es algo con lo que vayas a pagar las facturas. En la música, a veces parece que hay que tomar decisiones pensando en quién paga o en qué interesa comercialmente.

Claro. Desde que tengo 18 años me dedico a la música de una manera u otra, tocando con mucha gente, y he visto a muchos artistas —yo también he sido víctima de esto— tomar malas decisiones o seguir caminos creativos que no sentían porque tenían la obligación de vivir de su proyecto. Han hecho cosas empujados por lo que les exigía la industria o el sistema. He tardado muchos años en darme cuenta, pero supongo que de eso consiste aprender.

mucho
MUCHO, el proyecto de Martí Perarnau IV

¿No tienes miedo de que se olviden de ti, de MUCHO?

La verdad es que no. Está siendo al contrario. Para mí ya es el disco más exitoso que he hecho en mi vida, y no solo por haberlo terminado. Siento que es un puto éxito.

Está siendo muy bonito porque este verano he estado de gira y estoy recibiendo mucho cariño de la gente de la música. Mis compañeros y compañeras están alegres porque voy a sacar un nuevo disco y tienen mucha curiosidad. Me lo han pedido y se lo he pasado a gente como Miren, de Tulsa, los Benavente, Ferreiro, entre otros; a toda esa familia musical. He recibido un cariño increíble. Ni siquiera era un plan mío mandárselo: me lo han pedido porque tenían curiosidad por el sonido. Estoy muy agradecido. Eso ya es un éxito; no necesito nada más.

Has sacado un solo sencillo. En esta época parece que todo el mundo tiene que publicar siete singles antes de lanzar un disco. En tu EP anterior, los cuatro temas posteriores a «¿Hay alguien en casa?» salieron en físico y en Bandcamp, y tardaron mucho en llegar a Spotify.

Es verdad, lo saqué en físico y en Bandcamp. Otra genialidad del marketing (risas).

También está bien no jugar del todo a ese juego. ¿Hasta qué punto hay que pasar por esos peajes?

De alguna manera siempre tienes que jugar. Yo quizá habría sacado el disco directamente, pero la gente del sello me dijo que había que sacar un single, porque si sacas el disco sin más no lo va a escuchar ni Dios.

Hay cosas que hay que hacer, como tener Instagram. Si fuera por mí, no lo tendría. Las entrevistas son otra cosa: me encanta hacerlas porque me siento agradecido de poder contar lo que he hecho. Hablar con alguien es enriquecedor y he visto que las entrevistas forman parte del proceso creativo de un disco: el proyecto se cierra cuando lo explicas. Yo mismo entiendo cosas de lo que he hecho cuando hablo contigo. Eso forma parte del proceso artístico, igual que publicar el disco en streaming y sacarlo en físico.

Pero Instagram, por mí, no lo habría tenido. Aun así, tengo que hacerlo para que se sepa que ha salido el disco. Aunque sea un outsider y haya podido hacer el álbum con libertad, hay ciertos peajes de los que no se libra ni el más friki.

Hablabas de que tienes 41 años. ¿Ha habido crisis de los 40?

Seguramente tenía una súpercrisis de los 40, pero creo que ha sido un cambio positivo. Salí de Madrid, o Madrid me expulsó; fue una mezcla. Desde que vivo en el pueblo he tenido un cambio vital muy fuerte.

Ahora me siento una especie de ermitaño artesano de canciones, que son como mis muebles. Cada día dedico tiempo a eso. Empecé a hacer meditación trascendental hace tres años y me ha cambiado mucho la vida. Creo que por fin me he escuchado a mí mismo. Tengo una vida muy tranquila y me he dado cuenta de que bebía mucho alcohol porque me costaba relacionarme socialmente con tanta gente, con toda esa vida madrileña de las cañas. También he dejado de beber.

Creo que esa ha sido mi crisis de los 40 y la he cristalizado en este disco. De ahí ha salido algo positivo. No me he comprado un Ferrari ni me he puesto pelo (risas).

¿Echas de menos el centro?

La verdad es que no. Cuando vuelvo, vengo en coche por la autovía y, a medida que me acerco, me va creciendo una especie de congoja. No me acordaba de lo que era volver a meterme en la vorágine madrileña. Me provoca cierto estrés y me afecta la violencia en la conducción. No lo echo demasiado de menos. Voy cuando tengo que trabajar, pero intento evitarlo.

¿Vivir en el pueblo te ha ayudado a componer?

MUCHO: Mucho. Estar en el pueblo y tener mi propio estudio me ha permitido coger por fin el oficio de producir discos como algo que me hace muy feliz y a lo que me gustaría dedicar todas las horas que pudiera.

Este disco es básicamente eso: yo jugando en el estudio con mis cacharros y probando todas las técnicas que pueda imaginar. Es algo que me encantaría hacer para mí y para los demás. Sigo tocando en directo y me gusta mucho, pero disfruto bastante más de la parte del estudio. He descubierto ahí una magia que siempre había estado, pero que ahora es una explosión.

MUCHO, el proyecto de Martí Perarnau IV
MUCHO con la Cibeles de Madrid de fondo

Te has montado un home studio allí

Sí. Tengo la suerte de contar con un espacio y puedo experimentar grabando salas. Es un estudio pequeño, pero puedo grabar una batería con cuatro micros. Para hacer discos grandes me voy a La Casa Morada, que es un estudio increíble. Me he montado un pequeño rack de cosas analógicas frikis para mezclar, producir y conseguir un sonido propio y especial. Estoy feliz con eso.

¿Crees que en la música, y en el indie en particular, los artistas se mojan poco? Pensaba ahora en casos como Macklemore, que fue despedido de la gira de Ed Sheeran por defender a Palestina y en las declaraciones de James Hetfield sobre no hablar de política. ¿El artista tiene una responsabilidad en el discurso social o debe callarse para no perder seguidores?

Creo que hay muchos artistas que se callan para no perder seguidores. No sería el tipo de artista que yo sigo. No me produce más que desidia, desapego y decepción.

La música es un arte, pero también es entretenimiento. Entiendo que quienes forman parte de la industria del entretenimiento no se mojen para no enfadar a sus seguidores o a las empresas que les patrocinan. Eso se ve fuera y también en España. Tenemos lo que llaman indie, que en realidad es música comercial: la evolución del pop de los ochenta, de Hombres G. Son los Hombres G de hoy y hacen el mismo tipo de letras. No se mojan porque supongo que eso es lo que le gusta a la masa.

No es una música que me interese, aunque tampoco creo que solo tenga que gustarme la música que se moja por completo. Pero percibes cuándo una canción viene de la honestidad y cuándo no. No hace falta ser político para ser honesto, pero cuando algo viene de la honestidad siempre hay algo de política.

A veces se oye decir: «No he venido a un concierto para que me den una lección política». Pero ¿qué es la música si no es también política? Desde Jimi Hendrix y los Beatles hasta Bowie, la historia de la música está llena de artistas que no hacían canciones vacías. También está el techno, una música antisistema que nace de una minoría, busca la comunidad y es claramente progresista. No hace falta tener letra para que algo sea político.

Creo que desvincular la política de la música es otra herramienta de este nuevo fascismo que gobierna el mundo y que quiere despojar a las cosas de su alma.

¿Te preocupa que lleguen nuevas olas reaccionarias y gobiernos bajo los que la cultura quede escondida?

Sí. Tengo pánico al nuevo franquismo y al nuevo fascismo que ya gobierna en Estados Unidos o Argentina. Me preocupa no solo por la cultura, sino porque esa ideología se fundamenta en negar al otro. La humanidad y los derechos humanos prevalecen cuando no intentamos minimizar al otro, sino ayudarlo a ser como tenga que ser. No se puede negar la existencia de otros seres humanos.

Es algo que me preocupa mucho y el disco está lleno de ello. Antes me provocaba mucho enfado y rabia en el día a día, y llevaba eso a todas las facetas de mi vida. Ahora, gracias a la meditación, he conseguido no cargar con ese miedo y esa rabia todo el rato. Puedo ponerlos en las canciones, en un lugar en el que no afecten a mi vida cotidiana. Si no, me impiden vivir y también se siente como una derrota, como si hubieran ganado. Tampoco hay que permitirles esa victoria.

Quien escuche el disco cuando salga, ¿se reencontrará con el MUCHO de 2019? ¿Puede conectar con gente nueva?

No lo he pensado, la verdad; no tengo ni idea. Lo titulé MUCHO porque, cuando escuché las primeras canciones y me puse a cantar, pensé: «Esto tiene que ser de MUCHO». Tengo la sensación de que quien haya escuchado los discos anteriores no se va a encontrar con una sorpresa en cuanto a quién soy, aunque sí la habrá en el sonido.

No se parece al último disco. Se podría decir que es un disco de electrónica, pero no hay electrónica como tal: suena roto, estropeado. Es un disco de disidencia sónica, hecho con escombros sónicos. No sé si es electrónica pura o algo entre el rock alternativo y una electrónica más extraña, a lo Aphex Twin. No sé muy bien qué es, pero debajo de todo eso hay canciones bonitas y melodías vocales que son las mías de siempre. Supongo que alguien conectará.

También está cambiando la forma de girar: parece que ahora es el público el que se mueve hacia los artistas y no tanto al revés. Se habla de residencias como las de Harry Styles o Shakira. ¿Cómo lo ves?

No lo sé, la verdad. A mí me sigue gustando ir a las ciudades a tocar, más que hacer festivales. Ir a las ciudades tiene algo especial: conectas con la gente y notas el carácter de cada lugar. Me parece bonito, frente a la homogeneización que nos quieren vender, percibir que siguen existiendo sitios muy diferentes entre sí.

Como fan de la música, también me gusta viajar para ver conciertos. Voy mucho al festival Dekmantel, en Ámsterdam: es un festival de electrónica de día, en un bosque, y para una persona de 41 años a la que le gusta bailar está muy bien poder hacerlo sin que sea de madrugada. También he viajado para ver conciertos en salas europeas que me gustan, que suenan muy bien y que no están tan limitadas en cuanto a sonido como aquí. Pero soy un mal prescriptor para opinar sobre las residencias.

Hablabas de que Madrid se ha vuelto una ciudad hostil. ¿Eso también te ha llevado a hacer menos vida nocturna y a vivir más de día?

Sí. Antes hacía mucha vida nocturna en Madrid y también trabajaba en el estudio hasta altas horas de la madrugada. Eso se acabó. Ahora me despierto con el sol, a las ocho de la mañana, y a las diez u once estoy durmiendo. Se acabó la nocturnidad.

Para terminar, viendo tu trayectoria —extensa, aunque no tanto en términos discográficos—, ¿te parece coherente? ¿Te sientes realizado con lo que has hecho?

Más que coherente, creo que es una fotografía muy clara de quién soy a través de los años. No soy de escuchar mis discos: me entran más ganas de hacer música nueva que de escuchar la antigua. Pero si escuchara el primero, sería una fotografía muy clara del Martí de aquella época, aprendiendo a hacer canciones en castellano, las primeras de mi vida.

Creo que cada disco es una foto muy fiel de quién era en cada momento. No me pasa eso de avergonzarme de los primeros trabajos. Tengo amigos que dicen que borrarían su primer disco; a mí no me pasa. Me encanta que esté ahí, no para escucharlo yo, sino porque es importante sacar discos y tener un nuevo camino que seguir. Me gusta que estén todos ahí para ver qué haré después y qué toca hacer.

Estoy orgulloso. Tampoco puedes elegirlo del todo: en cada momento crees que estás haciendo el mejor disco de tu vida; si no, no lo harías. En su momento me parecieron los mejores discos que había hecho. Si los escuchara ahora, quizá te diría otras cosas.

Miguel Rivera