La artista total. Billie Eilish ha conseguido lo que muy pocos en la industria pueden hacer, labrarse una carrera tan especial como meteórica en tan poco tiempo. De grabar hace unos años en la habitación de su casa a llenar pabellones allá por donde va.
El talento de la joven norteamericana quedó claro cuando siendo adolescente rompió moldes en Soundcloud con «Ocean eyes», tema escrito y producido por su hermano mayor y confidente Finneas O’Connell, gran valedor y figura a un lado de la artista que juntos conforman un tándem creativo que les ha llevado hasta aquí.
«Billie Eilish y James Cameron fusionan sus mundos en uno para brindar una experiencia inmersiva tan emocional como brillante»
Lo que sigue son tres discos en cinco años, su exitoso single «Bad guy» de los inicios, el solemne «Happier than ever» y la confirmación absoluta de «Hit me hard and soft» en el que Billie se abría como nunca, sirven para mostrarnos su inconmensurable talento.
Experiencia musical, espectáculo cinematográfico
La cantante californiana se ha convertido en una estrella sobre el escenario gracias también a la forma de conectar con su público, mayoritariamente joven pero capaz de emocionar a adultos como el que escribe estas líneas. Pocas tienen la capacidad de conmover con hits tan especiales y sinceros como «Skinny», «Chihiro» o «Birds of a Feather».
Por todo ello, es un regalo poder descubrir desde la cómoda butaca de un cine, sin móviles mediante y el silencio pero a su vez cánticos los cánticos de los espectadores de un concierto documental como «Hit Me Hard and Soft The Tour 3D».
Billie Eilish se convierte en coodirectora junto al mítico director de cine James Cameron (Avatar, Terminator 2, Titanic) para llevar a la gran pantalla su espectáculo musical del último disco. Durante cuatro días, con flashbacks contados entre canciones de su actuación en Manchester, cineasta y artista muestran a una de las figuras más importantes de la industria musical actual.
Comienza la «película» con un blanco nuclear sobre el escenario, una caja que sube y los gritos de miles y miles de fans emocionados hasta que aparece la figura de Billie Eilish sobre las tablas, para darnos casi dos horas de espectáculo y momentos emocionantes con aires también de documental.
Pero a lo que asistimos es a un concierto con la técnica 3D que tan bien maneja James Cameron, porque para quienes vieron alguna película de Avatar, el resultado es parecido, solo que nos nos movemos a Pandora ni encontramos aquí personajes azules, salvo los ojos de Billie, tan enigmáticos como su música. Una experiencia en forma de concierto al que acudimos de la manera tan cómoda que brinda un cine.
Pensando en sus fans y aunque de primeras no tuvo claro llevarlo a cabo, lo que ofrece la artista es la posibilidad de asistir a un concierto de grandes aforos a los que muchos de sus seguidores no pueden optar, ya sea porque se agotan o por el precio de unas entradas que se han disparado para esta serie de espectáculos, cada vez más restringidos a lo que dicta el bolsillo.
Aquí no hay colas virtuales, largas esperas ni desesperación, tan solo la compra de una entrada de cine para, gafas 3D mediante, ver un espectáculo inmersivo nunca visto así en la música. Es algo novedoso, porque la impresionante profundidad de campo que ofrece el 3D nos mete de lleno en la acción musical. Parece que toquemos a Billie, teniendo la sensación en todo momento de encontrarnos dentro del propio recinto. Vemos y escuchamos los gritos, se abren audios de manera muy bien escogida para oír al público de las primeras filas recogiendol ambiente como si allí hubiéramos estado.
James Cameron y Billie han elegido muy bien los puntos en los que situar las más de una veintena de cámaras, repartidas entre bastidores, escenario dentro de los fosos donde se encuentran los músicos o repartidas por el recinto, creando una espectacularidad increíble, sin gente con cámaras sobre el escenario, y haciendo que asistamos a un concierto «limpio» tecnológicamente hablando.
Impecable la técnica utilizada ahora que están tan de moda los recurrentes biopics o esos conciertos al uso que se trasladan al cine sin gracias alguna. Aquí vives lo mejor de dos mundos, lo espectacular del cine y lo asombroso de la música, dos generaciones, la de Billie y Cameron para aunar su gusto por las dos disciplinas y generar un espectáculo que acaba siendo un regalo para los fans, pero también con su pequeña parte documental por la que conocer mejor la figura de la joven artista.
Billie Eilish: talento musical, grandeza humana
Decenas de personas girando con ella en una película que consigue profundizar, entre canciones, en el papel que tiene su equipo, dando espacio a sus técnicos de luces, sonido, su profesor de canto o fisioterapeuta. Ella es conocedora de la importancia de tener todo eso cerca y lo muestra de forma tan cercana que conmueve, tanto como ella en ese primer concierto sin Finneas a su lado, a la que envía una carta con flores para emocionarla, aunque al final en el concierto tenemos la sorpresa.
Por todo ello, por sus canciones, en cuyas letras se desnuda de manera impecable, y por la forma de entender la industria, este concierto documental es tan disfrutable y espectacular, emocionante a su vez, como ese final en el que se pregunta a los fans y dan a entender lo que ella ha hecho por ellos, consiguiendo a su vez completar su alma.
Billie habla de la importancia que tiene su madre, da a entender lo que supone ser fan (ella mismo lo demostró recientemente en Coachella subiendo emocionada al concierto de su ídolo Justin Bieber). Ella mejor que nadie sabe lo que viven ellos por ella y los trata como le gustaría a ella que le tratara un artista hoy en día.
Entre el espectáculo visual de sus canciones, deja ver que creció con el rap mediante, tanto en la vestimenta como entendiendo lo que supone afrontar un concierto sola, algo que da pie a Cameron para reflexionar a donde ella ha llegado y el empoderamiento que también supone como mujer.
Hace hincapié en romper las reglas y ser como es sin importar el qué dirán. Su uso de ropa ancha para salir del estereotipo que se espera de una mujer, mostrándose como quiere y viéndose guapa también. La forma de afrontar los conciertos y estar cerca de sus seguidores o de cómo intenta traer perros durante un rato de protectoras de las ciudades a las que viaja para pausar los tiempos tanto para ella como para su equipo (varios de ellos han adoptado algunos).
Todo ello engrandece una figura tan especial, conmovedora y única como Billie Eilish, regalándonos junto a James Cameron y sus nuevas técnicas una forma de disfrutar un concierto en cines como nunca antes habíamos visto. Lo mejor de ambos mundos con la mejor banda sonora que podamos imaginar.







