Flashes, negativas y mucha estupidez en directo

El concierto de la semana y uno de los del año ha traído cola en Madrid. Rosalía es un portento musical que, por supuesto, conlleva ciertas cosas a su alrededor como gran estrella. Pero más allá de fijarme en la artista en cuestión, quiero pararme un momento a analizar algo que se viene dando cada vez más y que en conciertos como el citado piden de una cierta reflexión por parte de muchos.

Las redes sociales, con lo bueno y malo que conllevan, dejan ver muchas veces también la miseria de este pulcro oficio del periodismo cultural, y también del fotoperiodismo musical ambos muchas veces castigados por las «malas» artes de promotoras y artistas, que más que ayudar en la labor castigan cuanto menos o penalizan el trabajo que conlleva todo lo que hay detrás de un reportaje, crónica o especial.

Prohibido fotógrafos, aceptamos estupidez

No soy yo mucho de criticar a creadores de contenido o influencers, considero que como la IA ayudan (no todos) a promocionar eventos y quien lo hace bien, que hay muchos, son dignos de disfrutarlos ante la pantalla. Ediciones y vídeos bien trabajados, con gusto, pulcros en diversas situaciones o divertidos en otras. Todo suma, no creo que reste en la labor que, en paralelo, realizamos los medios, ya sean profesionales o blogs que mínimamente cuiden su contenido tanto escrito como visual.

El concierto de Rosalía no contó con fotoperiodistas, una decisión que según Moeh Atitar de El País se tomó un par de horas antes del arranque del primero de los cuatro conciertos que la artista catalana está ofreciendo en Semana Santa en Madrid para presentar su «Lux», pero más que «Lux» hubo «oscuridad».

Leía en X a compañeros fotógrafos y periodistas alzando la voz a golpe de tuit, e incluso como comentaba alguna periodista del mismo periódico tildando la decisión de «insólita y absurda». Nada más lejos de la realidad, lo que ha hecho Rosalía o su management-manager es una más de otras tantas, porque cada vez es más habitual ver cómo artistas prohíben captar imágenes o no conceder pases de prensa. Pasó el pasado verano con Guns N’ Roses en Cataluña, no hace tanto con la vuelta de Marilyn Manson en Madrid, solo por citar algunos conciertos.

¿Se pueden hacer fotos con el móvil e incluso estar un buen rato molestando con el flash encendido mientras te grabas en un canto al egocentrismo, pero no se pueden tomar fotografías profesionales para ilustrar una crónica periodística de un concierto?

Un post de Natalia Álvarez, periodista especializada en música en televisión sorprendida ante un vídeo en el que vemos a la influencer de moda y lifestyle Fabiana Sevillano en el concierto acompañada de otras tantas con el flash encendido grabándose a ellas mismas durante el concierto, hace de algún modo que salten las alarmas de la diferencia.

Me parece bien que creadores o influencers vayan o se les invite a conciertos multitudinarios, obviamente por alcance y visibilidad a un promotor puede interesarle, pero es obvio también que se crea una diferencia. ¿Se pueden hacer fotos con el móvil e incluso estar un buen rato molestando con el flash encendido mientras te grabas en un canto al egocentrismo pero no se pueden hacer fotografías profesionales para ilustrar una crónica profesional de un concierto?

«Me hastía que no haya un lugar común para todos nosotros, fotógrafos y periodistas y que no vayamos muchas veces a una»

Defenestrando el periodismo musical

Que se prohiba fotografiar un concierto, que no se den pases de prensa o que pidan enlaces con previas que se hacen para prácticamente muchas veces trolear al medio o al periodista con negativas, no hace más que defenestrar la labor de medios y profesionales.

Me hastía más si cabe que no haya un lugar común para todos nosotros y que no vayamos muchas veces a una tanto fotógrafos como periodistas, cuando veo tuits en los que incluso algún «compañero» que defiende la postura de la artista, entiendo aquí que comienza el problema de quien es más fan que periodista y defiende a capa y espada dichas actitudes por encima de nuestra labor. Craso error al debilitar la unión y posición.

Periodistas Asociados de Música (PAM) sobre lo ocurrido

También aquella gente que piensa que el fotógrafo acude «gratis» cuando en muchos conciertos de este calibre a las tres canciones están fuera, cargando con el peso de las cámaras encima durante horas y trabajo posterior de edición para entregar cuanto antes, e incluso en ocasiones teniendo que ceder bajo contrato firmado su trabajo a los propios artistas.

Y lo mismo ocurre con los periodistas, todo conlleva un trabajo que no consiste únicamente en salir en vídeos o fotos riéndonos y tomando cerveza. Y lo dice quien en muchas ocasiones ya casi prefiere estar sentado en casa viéndome una película en HBO que yendo, viniendo, escribiendo, fotografiando, editando o montando.

‘Necesitamos del análisis, la crítica periodística y de la libertad de la misma más si cabe en estos tiempos, porque sino, todo comienza a parecerse más y más al trumpismo’

Con todo esto, sin duda que los creadores en muchas ocasiones pueden tener más alcance y visibilidad, pero al final no dejan de ser gente invitada que nunca, y digo NUNCA, van a poner una nota discordante o malas palabras de un evento o concierto como el caso.

«Cuando algún «compañero» defiende la postura de la artista, entiendo aquí que comienza el problema de quien es más fan que periodista, debilitando nuestra posición»

Lo que ahí se va a reflejar en el peor de los casos es lo bien que se lo han pasado, incentivando el Fomo y lo estupendo del asunto y, en el mejor, vídeos bien montados con el mismo fin pero al menos ofreciendo un mínimo trabajo detrás. La crítica ni se la ve ni se la espera, porque la única labor es «promo» y lo genial que está todo.

No importa si un evento ha resultado nefasto, si ha penalizado su mal sonido o si ha estado mal organizado, eso no te lo van a contar, es por eso también que la labor del periodismo musical se hace más importante si cabe, y no debemos dar por sentado este tipo de decisiones, porque necesitamos más si cabe ahora del análisis y la crítica periodística, porque sino, todo estará más cerca de un trumpismo del negocio musical que de la libertad.

Miguel Rivera