RUFUS T. FIREFLY

La Riviera, Madrid

11/04/2026

Hay una gran liturgia a la hora de afrontar un concierto de Rufus T. Firefly, esa en la que vuelves a encontrarte con muchos conocidos y otros nuevos.

La previa siempre es igual, compartir un rato con algunos antes de afrontar el universo al que nos invita la banda de Aranjuez, porque una vez dentro entramos en un espacio sonoro especial en el que puedes abstraerte para abandonar el mundo real y entrar en lo onírico y psicodélico de la propuesta de Víctor y Julia.

Un mundo donde casi todas las cosas son buenas

Entrar en el espacio de Rufus T. Firefly es hacerlo en un terreno en el que la verdad es la protagonista, porque son pocas las bandas capaces de abrazar con tanta humildad la música con la que te arropan, en la que sientes e interpretas. Tanto como su forma de entender esta industria y, por supuesto, una propuesta que igual no es para todo el mundo pero que lo es para siempre para quien consigue entrar en ella.

Una Riviera con un sold out de verdad, sin intentar vende algo que no es, ni espacios pretendido por muchos en estos tiempos del marketing guerrillero y postural. Ellos van con paso firme y sentido, el mismo que dan a una forma de interpretar y ofrecer ese mundo donde casi todas las cosa son buenas.

Es difícil a veces interpretar un concierto en lo visual como ellos plantean, en esta ocasión con un juego de luces donde ellos aparecen prácticamente en la sombra, con visuales de fondo donde prácticamente vemos sus siluetas. Dicho esto, y guste más o menos, el sentido musical de sus canciones encajan bien al fin y al cabo con lo que vemos, casi como el que acude a un set de electrónica pero en un rock psicodélico lleno ahora de virajes gracias a un amplio y diverso repertorio.

Manejan sus tiempos de manera endiabladamente personal, nos invitan a entrar en su mundo con «El coro del amanecer» en ese brindis electrónico coral, embriagador y rítmico a su vez.

Con «Tsukamori» y «Pompeya» se agrandan, mientras legitiman un sonido mejorable que terminamos acogiendo tras este primer tramo. Víctor, siempre elegante y verdadero de las gracias por poder vivir conciertos como este, en el que cientos de personas decidimos ir a verles, ya sea por enésima vez o, afortunado el que lo hace por primera vez.

En ese momento suena «El problemático» y donde «Magnolia tiene un especial espacio, ese disco que les dio una nueva oportunidad dentro del espacio independiente, siendo ya uno de los mejores trabajos que nos ha regalado la música en castellano.

Esa psicodelia a la que invita una propuesta arriesgada en la que se recurre a verles en sombra y que se entiende mejor en el mundo electrónico, bien sirve para ahondar más en la catarsis musical de su estilo.

Nos invitan durante su recorrido a subirnos a «El trueno Azul» , una de sus canciones favoritas nos dice Víctor cuenta que hace referencia a su viejo Hyundai que le regaló su padre, quien se encuentra esta noche entre el público.

Julia aporta un toque distintivo a sus conciertos interpretando a las voces, todo bajo la mirada de «El dron» en un aporte completamente electrónico y donde por supuesto cabe y de que manera el amor, ese que la «Nebulosa Jade» de Rufus T. Firefly abruma y cala a una Riviera al completo.

Y de esa intensidad al baile al que invita en «La plaza» que aporta el brillo y toque distintivo a su actuación, venida de otros tiempos para dar luz a su universo. Una capacidad insultante para cambiar el ritmo, tanto como la «Canción de paz», esa que cada vez que les veo se vuelve necesaria dadas los tiempos que nos ha tocado vivir.

rufus t firefly
Rufus T. Firefly cuelgan el sold out

Antes de entrar en su recta final, Víctor anuncia que un buen amigo publicará un libro sobre la banda, aunque no una biografía como tal, hoy domingo tendrían la oportunidad de poder leerlo por primera vez.

Y en ese recorrido tan diverso, tras salir y volver al escenario la fuerza que nos devuelve a «El principio de todo» en la que «Sé donde van los patos», seguramente camino a ese «Río Wolf» que todos esperamos para bañarnos en su enérgica psicodelia donde damos cuenta de que todo fue un sueño, un bonito sueño en el que, por espacio de dos horas, son todas las cosas buenas.

Y con la brillantez de «Como yo te amo» de Rocío Jurado dando luz ala sala, dejamos atrás otra bonita noche estelar.

Miguel Rivera