Sôber: veinte años viviendo en el Paradÿsso

Historia del rock español

En el mundo de la música lo difícil no es conseguir el éxito, que también, el verdadero reto es darse a conocer, pero ante todo mantenerse a lo largo de los años. Como artista, ser capaz de forjar un nombre a base de recorrido, trabajo y constancia, pero ante todo fiel a tu estilo sin importar los sonidos que ocupen un momento o corrientes musicales de moda, es algo complicado y que por supuesto hace más grande a un grupo. 

En ese sentido, SÔBER es en la música lo que Nadal al tenis, un grupo competitivo con exitosa carrera gracias a su tesón musical y la fuerza mental de un cuarteto que ha sabido pelear, sobresalir en un momento concreto y mantener siempre su estatus con un público muy fiel al que se han ido sumando nuevos adeptos, donde prácticamente nadie que les haya seguido les ha dado la espalda. 

La “sobria” formación fundada por Carlos Escobedo y Antonio Bernardini está a punto de cumplir nada menos que treinta años desde sus comienzos, aquella que arrancaron cantando en inglés bajo el nombre de Sober Stoned y pronto cambió a lo que sería lo que conocemos como Sôber y con Jorge Escobedo (hermano de Carlos) a la guitarra y una “Prisión del placer” que vendría ayudar como primer hit en su carrera, esa que ya comenzaba a sonar en castellano con Alberto Seara como productor y protagonista en la sombra a lo largo de todos estos años, valedor también del éxito de los madrileños tras la mesa de sonido en los que Estudios Cube de Madrid.

En el año 2000 una pieza fundamental y después dolorosa, la llegada del gran batería Alberto Madrid (fallecido en un trágico accidente automovilístico en la m-40 de Madrid en noviembre de 2006) marcó una de las etapas más exitosas de los madrileños, que se separarían después por un tiempo dando lugar a Savia y Skizoo como proyectos paralelos para volver despueés en enero de 2010 con Manu Reyes (batería de Sôber en ese momento) completando el cuarteto hasta día de hoy. 

sober

Bienvenidos al Paradÿsso musical

En 2002 la historia de Sôber comenzaba a escribirse en letras mayúsculas gracias al disco más importante en el camino de la banda, “Paradÿsso”. Es este el trabajo que todo grupo busca grabar en su carrera y que no todos consiguen y que a Söber, en un momento en que radios como Los 40 principales todavía hacían sonar rock, les impulsó gracias a un disco que cumplía recientemente 20 años y que ahora reeditan en diversos formatos con el álbum original remasterizado por Alberto Seara.

El que fuera cuarto trabajo del grupo tenía todo para triunfar, en un buen momento para el rock, ese que Sôber llevó con su sonido a otro nivel nacional mirando a las producciones americanas de rock duro imprimiendo su sello personal, en el que melodías, intensidad y cierta melancolía en la voz de Carlos mostraban un sonido propio de producción impecable con el que quitarnos la espina de “producción española” que tanto achacaban muchos a las producciones nacionales de rock.

Es “Paradÿsso” el álbum más importante de la banda gracias a varias cosas. Una, porque asentaba el sonido que veinte años después sigue dando sentido y sonido a Sôber. Segundo, porque la producción llevada a cabo en su totalidad por Seara y la propia banda, llevaba a otro nivel a las producciones del rock patrio, mirando de tú a tú a lo de fuera. Tercero, por esa colección de canciones en las que todo funcionaba y que a día de hoy se han convertido en indispensables en directo. 

Esa triada de razones tienen más peso cuando escuchas el que fuera su primer hit del disco, “Diez años” que impulsaba en éxito de un disco que se aupó como número 1 llevándolos a dar cientos de conciertos por el país.  

La nostalgia perdida en temas como el derroche melancólico y doloroso que manejaba Carlos a la voz en “Arrepentido” y las guitarras desgarradoras de Antonio y Jorge. “Lejos” contaba con ese rock alternativo denso y crudo, el sentir triste pero poderoso de “Cápsula” o la brillantez de “Eternidad”, un buen ejemplo de lo que es Sôber a lo largo de todos estos años, romanticismo, rock enérgico pero abierto al público, letras de gran belleza y trabajados estribillos que mezclan contundencia, melancolía e intensidad. 

Manejando ritmos alternativos llenos de energía de espíritu del rock norteamericano al que siempre han mirado sin miedo que dejaban notar en “No perdones” o “Animal”, el juego excelso de “Mis cenizas” o la oscuridad final de un “Paradÿsso” en forma de descenso a los infiernos más sensuales que dibujaban letra y voz de Carlos Escobedo en un ritmo cálido a la par que doloroso, con el duro ritmo instrumental de su parte central. 

Sôber encontraron entonces un “Paradÿsso” musical en el que siguen firmes veinte años después haciendo buena una frase que Jorge Escobedo me dijo hace ya más de cinco años hablando el éxito del indie nacional actual: “Lo importante es poder mantenerse a lo largo de los años, y habrá que ver dentro de veinte dónde están muchas de las bandas de hoy en día”. Seguro que muchas se habrán quedado en el camino al “Paradÿsso” en el que ellos continúan.  

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Miguel Rivera