CORA YAKO

Hay bandas que parecen tener todo de cara desde sus primeros compases, pero para ello también tienes que contar con las canciones necesarias, esas que terminan ayudando para el boca a boca.

Algo así podríamos decir que le ha sucedido en seis años a Cora Yako. La banda con miembros originales de Mallorca pero afincados en Madrid, ha eclosionado «rápidamente», en una carrera marcada por tan solo tres discos.

Rock noventero como patada a la escena indie

Cuando rozaban la veintena dieron sus primeros pasos y, ahora, una banda más madura en todo pero guardando ese toque generacional en sus canciones, demuestra que tras su buen hacer de su disco homónimo de 2023, con «Mil pequeños cortes» se consolidan como una de las grandes formaciones del rock patrio más pujante.

En una escena musical dominantemente indie y a su vez sumamente plana, Cora Yako han devuelto el protagonismo a las guitarras, jugando a dos voces y una esencia nostálgica, distorsionada y enérgica que mira y bebe del rock alternativo noventero de la mejor manera.

cora yako en teatro eslava
Carlos de Cora Yako

El salto y asalto al Teatro Eslava de los Cora Yako desatados

La banda ya asentó las bases en 2023 con su anterior disco con un potente directo en la sala El Sol de Madrid que os contamos aquí. Como buena ley de vida, y dada su proyección y crecimiento, han dado el salto a un Teatro Eslava que, como ya nos anticiparon en una entrevista, se iba a agotar. Y vaya si agotaron.

Anoche, el Teatro Eslava mostró sus mejores galas con una sala llena en la que no cabía un alma, todo para afrontar una fiesta joven, mucho de su público lo es y, por tanto, volver a ver pogos y público por encima de las cabezas volando en lo que venía a recordar a una noche de rock de siempre.

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Luis de Cora Yako

Actitud y ganas las de unos Cora Yako tan campechanos como entregados a una causa en la que el público entra desde la primera línea hasta la última, desde la primera canción hasta su cierre de «Fin de semana».

Cuando te ganas al público sin haber salido al escenario

Pocas bandas consiguen una comunión tan absoluta con su público como Cora Yako. Es más, lo imponente del asunto es que tu gente, más de 800 personas, se sepa todas y cada una de las canciones y que a su vez las canten todas, a veces, incluso opacando las voces de sus propios músicos.

Arrancar con la distorsión en «Firmar la paz» para dejar ver que iba a ser una locura. Móviles en alto, saltos, empujones y gente gritando al unísono iba a acompañar un recital «Lejos de casa», mostrando un «Espíritu olímpico» en una especie de olimpiada por mantenerse en el sitio.

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Cora Yako en Teatro Eslava

Un quinteto sobre el escenario que adolecía de un sonido sucio a las primeras de cambio para poco a poco ir mejorando, mientras que la química y las voces de Carlos y Luis funcionaban al unísono. Aquí no cabe duda, arrojan fuerza y se acompañan de su gente con la facilidad de quien ya tiene el camino ganado.

Qué locura. Complicado que alguno sacara el terminal y lo mantuviera firme entre golpes, saltos y gente en volandas, locura nirvanera en «Un beso en un portal», pasando por el power pop de «Azul oscuro casi negro». Es uno de esos conciertos en los que sin grandes artificios todo funciona bien.

En ese legado musical tienen tiempo para un poco de todo, una franja más calmada con «Adiós, te quiero», o «Vivo de ilusiones» pero poco más, porque Cora Yako viven del punch más enérgico como «Qué bueno que estés aquí» pasado por el toque tan nostálgico y bailable de su «Noche estelar».

La esencia noventera y grunge está muy viva con ellos, deudores de desgarro, toque nostálgico y lírica generacional, esa con la que han conseguido cuajar con ese público » a full» con ellos que se sabe tanto sus clásicos como nuevos temazos. Eso con los que desplazarnos a «Barcelona», gritar «Qué pena», uno de los trallazos de la banda, porque si suenan bien en disco, en directo elevan el puño para desgañitarse como en sus «400 días de verano».

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Cora Yako en el Teatro Eslava, Madrid

Tres de los más duros temas de su álbum que, tras lo visto, ya son clásicos instantáneos de la banda, con todo dios saltando entregado a una causa del rock, sí, rock y no indie por fin para entre medias vibrar con «Azul oscuro casi negro» y abrazar en su final al «Fin de semana» al que llegamos con energías renovadas y, seguramente, con algún gramo corporal de menos tras una noche intensa.

Cora Yako dan un paso más sobre el escenario que, tras su conquista de la Eslava, ya pide a gritos un nuevo asalto escénico.

Miguel Rivera