AC/DC

Riyahd Air Metropolitano, Madrid

En un día incendiario en Madrid en lo que respecta a temperaturas, de esos a los que ya nos hemos acostumbrado a tener con frecuencia y  demasiado pronto, el Riyahd Air Metropolitano de volvía a vestirse de gala, en esta ocasión de negro, con un rayo en el medio y el sonido del rock veterano y mítico de AC/DC, de vuelta en España por partida doble.

Tras arrasar en el año 2024 en Sevilla en mayo, Madrid acogía el pasado sábado la primera de dos noches de hard rock de los de Australia.

Tras la actuación de The Pretty Reckless, la formación salía a escena con 35 grados, la tarde cayendo y el sol escondiéndose de a poco tras las paredes de un estadio al que lamentablemente acudes por norma sabiendo que vas a escuchar un concierto de aquella manera. 

Aunque importa y mucho el sonido, muchos lo dejan de lado por vivir noches como la que sabes que vas a tener con AC/DC en un escenario en el que los «olé, olé, olé» suenan antes de que ellos salgan a escena, escena que por cierto asoma cuando les ves subir siendo trasladados en cochecitos de los que llevan en los campos de golf con un Brian Johnson saludando antes de que un vídeo en las inmensas pantallas sirva de avanzadilla de unos AC/DC que nos hacen oler el asfalto del rock al ritmo de un poderoso «Ff you want blood».

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La banda comienza así sus primeros pasos al frente del canoso pero aún jovial en movimiento Angus Young, moviéndose ya hasta el final de una pasarela en la que por detrás se desgañita un Brian limitado ya por la edad en su voz pero sonriente, santo y seña de lo que va a ser su concierto mientras los tapones ayudan y mucho a sufrir algo menos la suciedad sonora que ofrece el estadio, algo para hacérselo mirar.

Locura con «Back in Black» con Johnson preguntándonos qué tal estamos y los cuernos de miles de personas dejándose ver con sus luces iluminadas mientras el atardecer nos abraza y nos abrasa también. Tan incendiario el calor como su «Shot down in flames» con Angus haciendo de las suyas al ritmo que marcan sus endiablado pies, esos que le llevarán hasta el final de sus días danzando como un diablo.

Claro, hay acordes que marcan los tiempos y generaciones, y coros esos que nos llevan a un mundo sonoro tan electrizante como un rayo: «Thunderstruck». Todo bien manejado por una banda en la que Brian y Angus son los auténticos jefes, los que controlan absolutamente el escenario moviéndose de izquierda a derecha, de detrás a adelante mientras el testo aguarda detrás dando paso un paso al frente a los micrófonos cuando se requiere como en «Have a drink of me».

Turno de dar la campanada mientras en mis alrededores sacan a relucir algunos abanicos porque el ambiente está caliente, tanto como la temperatura con «Hells Bells» con la campana colgando siendo de lo poco que vamos a encontrar en su limpia escenografía, donde ni tan siquiera los fuegos asoman,

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La sencillez comentada deja disfrutar sin artificios del rock de verdad, ese creado desde las entrañas que marcaban los años dorados del género que ellos han hecho grande. Siempre queda la duda de si será el último concierto de nuestras vidas de AC/DC, quizás por eso se disfruta más si cabe cada canción, la entrega es total en cada himno «Shot in the dark» pero cuando un estadio retumba (más si cabe de lo que ya lo hace de por sí el Metropolitano) es cuando llegan himnos como «Stiff upper lip» y, por supuesto, uno de esos que hacen que se quejen los vecinos con las gargantas de más de 50 personas gritando por la carretera más famosa del rock, ese «Highway to hell» qué arde en los corazones de unos fans enloquecidos con saltito incluido de Young al final. 

«Shoot to thrill» da continuidad a como comenzaron, con toda la fuerza de de un Young colegial con pelo blanco como abusón del colegio en lo suyo, en tocar la guitarra como el que más. 

«Shoot to thrill» da continuidad a como comenzaron, con toda la fuerza de de un Young colegial con pelo blanco como abusón del colegio en lo suyo, en tocar la guitarra como el que más. 

Cada canción que suena es otro guantazo sonoro en la cara, es músculo casi octogenario para los acólitos, muestra de ello es «You shock me all night long», con juego de luces «cuernil» que acompañan a los cuernos de los brazos en alto, los saltos de Young y un Johnson entregado a la causa, porque habrá pasado por problemas pero sigue siendo un dios sonriente y pulcro con sus limitaciones en «High voltage».

Ni un fuego, ni un artificio más allá de una campana y el puto rock and roll volviendo en su final a los «ole-olé-olé» y un largo solo del incombustible y descamisado Angus, quizás sobrado en duración para un músico que sigue siendo energía pura a sus 70 años, porque a medida que avanza el concierto va más encendido si cabe, justo en un momento en el que se eleva sobre la plataforma de la pasarela y el confeti acompañando.

El rock mantiene eternos a muchos de ellos para seguir marcando el camino a los que vienen ese recorrido empedrado que ellos han allanado a lo largo de décadas resumidas en el apoteósico final que marcan la explosiva «T.N.T» y «For those about to rock (we Salute you)», porque al final de eso va la cosa, del rock y de su vida eterna.

Miguel Rivera