ÁNGEL STANICH

Ángel Stanich es uno de esos pocos músicos que aun hoy siguen manteniendo algo de misterio en su persona, alejado de modas y la sobreexposición en redes. Con el tiempo, su misticismo solo descubierto en sus aplaudidos directos y discos, ha ido dando paso a pequeños encuentros con la prensa principalmente por la promoción y el interés que le mostramos los medios.

Lejos del circuito habitual, Ángel vuelve con «Por la hierba», un nuevo álbum cuatro años después en el que incide en su particular y querida forma de componer y cantar. De su mano descubrimos cómo se siente, hablamos de su evolución y de la vida de un músico en un tiempo en donde las cosas suceden y terminan excesivamente rápido.

Siempre has sido un poco hermético con los medios, me recuerda eso un poco a Robe. ¿Qué te ha llevado a abrirte con el tiempo?

La razón principal es la promocional, pura y dura, de llegar a más gente. Y que gracias a vuestro interés y al espacio que nos brindáis, pues que llegue a más público el disco y mi proyecto. Y luego, mismamente gente como la que decías, como Robe, me hizo ver que también se puede estar de algún modo en los medios, sin tener que doblegarse, ni tener que aceptar según qué preguntas ni que eso impida que uno se exprese libremente como es, aunque sea un bicho raro.

Abres el disco con un tema de más de siete minutos en la era del single.

Así es, además abrimos con esa canción en digital y en CD, que es la segunda en el formato vinilo. Me molaba también la idea de abrir con esta canción, «Carretera o Trueno», porque parece de las más singles que puedes encontrarte en el disco, pero a la vez, esa extensión de la propia canción hace que te vayas abandonando esa idea de single, visto lo visto, ¿no? Escuchando y escuchando, dices, bueno, pues esto igual no es un single.

Es otra ‘Stanichada’, vamos a decir. Y me gustaba empezar así, fuerte, pero también a mi manera. Yo soy muy fan de las canciones largas. Para mí, que haya un par de canciones de siete u ocho minutos, pues no es tanto, al menos para los artistas que yo escucho, aunque sí igual para los oyentes.

Viendo ahora antiguas entrevistas de Jorge Ilegal, recordaba iniciando una promo de los últimos discos de Ilegales, en la que hablaba de que era un disco muy directo, de canciones de dos o tres minutos, que era lo que la gente pedía y que había que ir directo al grano en estos tiempos. Seguramente tiene razón, pero admirándolo como lo he admirado siempre, yo no soy así, no puedo. Ojalá fuese un poquito más Jorge Ilegal, pero soy más yo, no lo puedo evitar.

¿En qué ha cambiado Ángel desde su primer disco hasta ahora?

Pues he cambiado en que quizá he sido apaleado por esta carrera musical y también he sido muy bendecido. O sea, las dos cosas. He aprendido, he escarmentado y, a la vez, no me da la gana aceptar todas las normas que sé que existen en la música y voy a seguir haciendo lo que me salga.

¿En algún momento esos palos han hecho que te tambalearas y pensaras en dedicarte a otra cosa?

Bueno, pues sí, a veces lo he pensado, ya sea al periodismo, apicultor o yo qué sé, escritor. Pero claro, siempre he pensado que meterme a escribir libros en principio es de Guatemala a guatepeor, de Málaga a malagón, pero sí que lo he pensado.

Lo que pasa es que lo que realmente me gusta y creo que se me da bien y he ido trabajando en ello de verdad es en hacer canciones, y luego en disfrutarlo en directo con la gente, en los conciertos.

angel stanich
Ángel Stanich posando

Algo que preguntaba en una entrevista anterior es si el alcohol va ligado a la vida del músico.

Creo que hay mucha gente a la que le gusta el alcohol, a mí me gustan más otras drogas. No he tenido muchos problemas con el alcohol desde la época universitaria, que las cogorzas me las cogí como todos mis compañeros y compañeras, pero la verdad es que no soy un gran fan del alcohol. Me gusta más Soziedad Alkohólica.

Con un consumo tan efímero, donde todo son impulsos, ¿sacar un disco a estas alturas puede ser un poco locura?

Sí, pero también se lo preguntarán los escritores, si merece la pena sacar novelas sin previamente saber qué te van a dar el Planeta, ¿sabes? Los escritores deben de estar en esta situación en la que estamos los músicos desde hace mucho más tiempo, creo yo. Han sentido ese desfase de lo suyo, y creo que sí, ahora lo sentimos nosotros, que los LPs se hacen largos, incluso reconozco que para mí, por tratar de llevar la dinamo del mundo, pues hay muchas veces que tampoco me da tiempo de escuchar los discos que yo quisiera. Pero aun así, trato de luchar por encontrar esos huecos y creo que se trata de hacer entrar a la gente, a la gente joven, para que llegue a aprender a disfrutar de estos formatos más tranquilos. Hay que intentarlo, y que la gente más mayor que ha convivido con los vinilos y con los CDs, pues que lo traten de inculcar también, y que no se le olviden de que ellos también disfrutaban.

Sé que nos pasa a todos, en todas las edades, que hoy en día no tenemos tiempo para nada. Ni para el libro, ni para una película, ni para ir al cine. A veces se escuchan y se consumen cosas como los podcasts, que a lo mejor duran más que un disco, pero se oyen en un segundo plano casi siempre, mientras haces la comida, planchas o vas en un viaje, pero no prestas mucha atención. Bueno, es como un ruido de fondo, que diría Miguel Ríos.

No sé, yo trataría de luchar por esos espacios de mayor amplitud para la cultura, sea del tipo que sea.

¿Tendría cabida en un disco de Ángel Stánich una canción a Julio Iglesias?

Bueno, Julio Iglesias a nivel musical me ha parecido siempre muy interesante. Y ha estado rodeado de maestros de la música, como productores y compositores de sus canciones, porque él creo que no es autor principal de su música, aunque la haya inspirado, sin duda.

Bueno, ahí además tenemos un montón ahora de canciones que retratan quizá al personaje en retrospectiva con lo que está pasando hoy, a lo cual también que decir que habrá que esperar a ver en qué queda exactamente, lógicamente, aunque huele a lo que huele. Pinta mal, la verdad, pero bueno, yo trataré de disfrutar de lo que me gustaba antes, igual que disfruto de las canciones de Michael Jackson, por ejemplo.

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Ángel Stanich

Dicho esto, ¿las acciones de un artista marcan también al final la carrera del músico?

Cuanto más famoso es uno, más notorias son tus acciones y tus declaraciones. Creo que a Julio le ha beneficiado toda esa notoriedad muchas veces, en sus declaraciones, si han sido ensalzadas o denostadas. Y ahora, pues le está tocando ver el lado oscuro de esa fama, a una edad ya muy senil, seguramente.

¿Sabrías llevar el éxito mayoritario?

Pues habría que verlo. Sé que con 24 o con 30 lo hubiese llevado mal, porque ya al mínimo, y agradecido que estoy al éxito que tuve en esos primeros discos de mi carrera, ya lo he llevado regular. A veces me he rayado la cabeza, porque uno es muy gilipollas y tiene su ego, y también es muy inseguro a la vez. Y ese ego, sumado a la inseguridad, hace un combo que lleva a caminos chungos. Eso lo he aprendido a llevar mejor, y a disfrutar sobre todo también con la gente que le gusta lo que hago, a poder hablar con ellos y a verlo como una cosa más de tú a tú, en horizontal y no en piramidal. Y así es como lo estoy disfrutando más.

No sé cómo me adaptaría, no tengo especial ilusión por ello, la verdad. Sí que me gusta que se valore lo que hago, y que la gente me lo diga, pero la fama en sí me da bastante pereza.

Sigues en tu particular camino de no publicar un disco cada dos años, como suele hacerse en la industria.

Son mis tiempos. Si te fijas, «Camino ácido» fue de 2014, que en realidad era un disco que venía ya cocinado de antes, porque fue primer álbum y hubo que moverlo hasta que ya conseguimos publicarlo. Luego 2017, tres años después y luego 2021, cuatro años después.

Es un poco mi ritmo. Si encima estaba yo un poco perdido en mi vida y con mis cositas, pues entonces más, pero la secuencia se ve con lógica. Sé que no es un ritmazo, pero viene a ser el mío.

¿Da la carrera del artista para vivir bien, para vivir, o para malvivir?

Hombre, yo vivo bastante bien. Hay que currar y también hay que tener gente que te ayude a veces. Y bueno, yo con mi chica, cuando no estoy de gira, pues también ella aporta como para que yo pueda mantenerme en la hibernación mientras compongo y que todo se centre en hacer un nuevo disco que quede lo mejor posible sin preocuparme de eso, de llegar a fin de mes.

Como artista, ¿hay que estar un poco pendiente de modas y redes sociales?

Yo la verdad es que no puedo mucho con el mundo de las redes. Me cuesta mucho hacerme un vídeo para decir «oye, venid a mi concierto, por favor, que está muy bien, que la banda está engrasada y tal». Y me da pena a los compañeros que les veo haciéndolo y lo comprendo, porque todo el mundo lo hace, pero yo no puedo. Algún día acabaré haciéndolo, supongo, pero me cuesta horrores, la verdad.

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Ángel Stanich a la guitarra

Los festivales, han acabado muchos convertidos en la llamada «experiencia» donde la música queda en un segundo plano.

Al final el cliente es el público, es el protagonista. Nosotros estamos para que lo pasen bien, eso es cierto. Pero también es verdad lo que dices, donde la música ha pasado a un plano subsidiario. También pienso que la gente no sigue tanto músicos por su música, sino gente que le gusta su way of life, su forma de ser, de vivir. Al final, más que un músico sigue a un influencer. Y los festivales yo creo que copian esa plantilla un poco de buscar eso. Buscar imagen, contenido atractivo para atraer al público y que vaya más allá de la música, que sea un parque temático, no precisamente musical, que puede llevar un toro mecánico, catas de vino, no lo sé. Pero está bien, tampoco debería pasar nada.

Pero sí, supongo que como a ti, me da pena que no se focalice todo más en las canciones, en la música, en el directo, que es el lenguaje que nosotros comprendemos y apreciamos más. Yo estoy aquí por la música, la verdad.

Aunque tú sigues siendo un poco outsider en ese sentido, la misma exposición del músico contándonos todo en redes ha hecho que se pierda cierto misticismo en torno a vuestra figura.

Sí, se ha destapado el truco. Vivimos en un tiempo en el que todo el mundo quiere ser cercano y caer bien, y se consigue. El Instagram de Iggy Pop es un descojone. También tiene su punto, no digo que no, pero estoy de acuerdo en que molaba ese misterio y esa cierta mitificación, pero sabiendo siempre controlar, sin que llegue al punto de que alguien mate a John Lennon, entendiéndolo siempre desde un punto de vista cultural y artístico, porque tampoco dejamos de ser personas del montón, como todos.

En este disco encontramos hasta una bachata, las canciones ¿han salido de forma natural?

Bueno, en este disco he ido más canción a canción, pensando en cómo me gustaría que sonaran con el coproductor de este disco, Juan Torán. Hemos ido canción a canción sin salirnos de lo que queríamos hacer musicalmente, pero sin límites de género, y me apetecía hacer una bachata.

Hay una canción que se ha quedado, para quien sabe cuándo, que también tenía ritmos afro-latinos. O sea, que a mí siempre me ha encantado, yo qué sé, de Fela Kuti a las inmersiones de Paul Simon o Los Wings en el rollo de la música africana. Quería intentarlo, probar por ahí, me apetecía un montón.

El tema «Poquita Fe» ligado a la serie de Movistar Plus+, ¿de qué nace?

Pues surge de que me encanta la serie, me parece que está hecha genial. Tanto Cimas como Pedreño están increíbles y el resto del reparto están graciosísimos. Y que tiene mucho de mi humor, que me recuerda a Cuerda en el sentido costumbrista y surrealista. Y eso es de lo que más me gusta. Entonces, dije, voy a fusilar aquí cositas del guion, imágenes de la serie y voy a ver si hago… Y lo crucé con aquella serie de Autopista hacia el cielo, que yo ni vi, solo recuerdo por aquellos fragmentos que usaban de sketch en El Informal, con Michael Landon y tal. Y de ahí cogí la idea de que iba Michael Landon, el ángel, a visitar a estos personajes de Poquita Fe, en concreto al de José Ramón de Raúl Cimas, y veía que con él no había ni mata ni patata.

Ese crossover me hizo mucha gracia. Y yo creo que queda una canción mucho más animada que el espíritu de la serie.

¿Qué tal vives en Madrid?

Bueno, yo llevo unos 15 años aproximadamente, un poco menos, 14. Llevo lo que el Cholo Simeone en Atlético de Madrid, más o menos, y gracias a él todo es mejor (risas). Pero en realidad cada vez es más hostil vivir en Madrid, cada vez es más caro el alquiler, más caro todo. Y bueno, si tienes un pensamiento de izquierdas, pues también se te hace más duro quizá, pero a la vez también aprendes. Y además también tiene un punto que me seduce y contestatario, el estar aquí al pie del cañón, en Mad Max, como la llamo yo, a Madrid, también me gusta. Luego cuando se supone que gobiernan los tuyos, no sé, no hay tanto rock and roll.

Está claro que nadie desea, yo que sé, que nos gobiernen según qué personajes, pero a la vez aquí estaremos para combatirlos.

El fallecimiento de Robe, ¿te marcó?

Robé ha sido muy universal, es normal que haya tocado a tanta gente. Es quizás el ejemplo más claro de cómo un tipo tan particular puede incluso llegar a tanto mundo. Quizás Sabina está en esa capacidad de llegar a todos los espectros. Pero sí, Robé lo ha conseguido. Y lo ha conseguido también con Extremoduro, o sea, con su carrera en banda y en solitario, las dos cosas.

Si ha habido un grupo que me ha hecho hacer piña y tener gente con la que salir, beber y todo eso del rollo de siempre, pues ha sido muchas veces gracias a Extremoduro. Y eso ya es generacional y vertebrador, por eso es tan grande Robe también.

Yo reconozco que en su carrera en solitario todavía me quedan discos por descubrir, pero oye, eso que tengo yo, que muchos ya lo han disfrutado y a mí me queda, como las grandes películas que todavía no he visto. Y reconozco que yo soy todavía de los de «Rock transgresivo», de «Agila» o incluso más de «Deltoya». Pero Robe es muy grande.

Y Jorge Ilegal para mí está a la altura como personaje y como hacedor de canciones también. Entiendo que no ha llegado a tanto. Quizá también su momento de boom fue hace más tiempo, fue más en el 82 cuando sacaron aquel disco que dejó a todo el mundo con el culo roto porque sonaba a que no estaba hecho aquí y lo habían hecho en Asturias, o sea, increíble. Para mí los dos son dos tótems que se nos han ido y que no hay que olvidarlos.

Miguel Rivera