THE STROKES «The new abnormal»

THE STROKES – «The new abnormal»

RCA, Sony Music

the strokes the new abnormal

No todos los días puede uno permitirse el lujo, y menos en los tiempos que corren de consumo rápido y streaming, quedarse en barbecho durante siete años (a excepción de un pequeño EP). Pero THE STROKES, esa leyenda que antaño forjara un disco sorprendente como «Is this it», es de esas raras y afortunadas excepciones.

El revuelo montado en torno a ellos, sobre su nueva obra, regreso, concierto el pasado 31 de diciembre en su ciudad (Nueva York) y las «gotas» sonoras que han ido adelantando, sirven de sobra para seguir reconociéndolos y esperando como agua de mayo su regreso, amén de poder seguir siendo cabezas de cartel a pesar de su silencio tantos años.

La formación compuso un buen «Room of fire» para poco a poco desinflarse con sus dos siguientes trabajos. Julian Casablancas al igual que Albert Hammond Jr, fueron priorizando sus carreras en solitario y ya.

Ahora, esa banda «guay» que fueron para los que ahora tienen cerca de cuarenta se suman nuevas generaciones a su propuesta que, con el tiempo se ha ido ablandando como nos deja patente «The New abnormal». Quizás en otro momento sería otro disco más pero hasta con los tiempos se han aliado sus nuevas canciones. Con medio mundo en cuarentena, con unos tiempos tan extraños como los que estamos viviendo, las canciones de The Strokes ahora suenan a banda sonora de «yo me quedo en casa». Hay tristeza sonora y muchos medios tiempos, casi nos ahogamos por momentos pero brillan por la incertidumbre del momento como gran aliado.

Tenemos un inicio que hace suponer grandes cosas. «The adults are talking» nunca llega a arrancar del todo, con su caja de ritmos y ese riff «made in The Strokes», pegadiza en cualquier caso y de lo más destacable por el espíritu inicial. «Selfless» cuenta con esa instrumentación tan particular bañada en una atmósfera cálida y triste, con falsetes de Casablancas incluidos y el ritmo ochentero de «Eternal summer» más fresco. Brillan de qué manera en «Brooklyn bridge to chorus», teclados ochenteros y más fuerza en su propuesta vocal y sonora. Pero es quizás un espejismo, una pena no haber seguido por ahí, lo mismo que con «Bad decisions», que sigue por esas directrices de la década de los 80 para auparse como dos de las mejores canciones del álbum, siendo las más explosivas pena que no hayan querido equilibrar con algunos incentivos parecidos de más. «Eternal summer» como decía es un buen tema que mira a lo clásico, mientras que «At the door», «Why are sundays so depressing» son perfectas para estos días si nos gusta entrar en el sentir melancólico de los tiempos que corren. Y como baladas «Not the same anymore», referencia en su sentir de lo que llevamos dentro y «Ode to mets» de aires añejos.

Al final, nueve temas de gran gusto sonoro, muy adecuados si somos de ritmos cálidos y lentos, si bien y viendo dos temas más rockeros como los que destacaba antes, a la banda se le echa en falta más arrojo musical de los primeros tiempos. En cualquier caso, estamos ante un disco realmente bonito, tanto por la portada de la obra de Jean-Miguel Basquiat como en temas y producción impecable de Rick Rubin. Y en lo que nos toca vivir, es un álbum que encaja a la perfección. En otros tiempos, quizás no tanto, pero hasta eso en y tras siete años, salen victoriosos.

Miguel Rivera

 

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