RUBÉN POZO

15/01/2025

La Sala de Movistar Arena, Madrid

Aunque lo de ir cumpliendo años comienza a pesar en ciertos momentos de la vida, haciendo que el cumpleaños pierda la magia de cuando éramos más chiquillos, bien es cierto que significa que estamos vivos y, en muchas ocasiones, en el mejor momento de nuestras vidas.

Algo así es lo que le ocurre a Rubén Pozo que lejos de pesarle lo de llegar a los 50 le ha servido como el gran revulsivo para inspirarse y abrirnos las puertas a una ciudad que suena muy bien: «50town».

Como bien me decía en esta entrevista, todo surgió cuando a los 48 años le barruntaba la temida idea de cumplir 50, pero lejos de asustarse afrontó aquello con la mejor de las determinaciones, con un rock atemperado y gamberro a partes iguales, porque la edad también te da otras cosas, como un gran disco.

ruben pozo
Rubén Pozo en La Sala del Movistar Arena

Anoche, La Sala de Movistar Arena se convertía en la ciudad del pecado musical, la de gente talludita y otra no tanto que, como una comuna, disfrutó de un acto de rock and roll en estado puro porque eso mismo es Rubén, rock and roll del de toda la vida, del desparpajo y cero artificios, porque no necesita más que su banda y un escenario, sin adornos ni distracciones.

Es Rubén Pozo ese personaje que se crece en las situaciones, un concierto con sold out para transformar La Sala del Movistar Arena en nuestra ciudad del rock, en la que junto a Los chicos de la curva nos invitaba a subir a su particular aerolínea rockera, volar alto para «Cantar» más alto aun y no pensar en nada más, como bien cuenta su canción.

ruben pozo en la sala del movistar arena
Rubén Pozo y Los chicos de la curva

Si bien el viaje hacia «50town» comenzaba con pequeñas turbulencias en forma de una voz que apenas distinguíamos, pronto el vuelo más rockero se estabilizaba para hacernos disfrutar aunque se nos hiciera «Efímero», para ponernos los «Pelos de punta» en un vuelo con cierto ego que para eso es «El puto amo», invitarnos a quitarnos el cinturón y ponernos a bailar con su «Rucu Rucu» en el que, junto a su banda, demuestra volver a vivir una segunda juventud.

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Rubén Pozo en directo

Qué gusto dar ver como roquean con el mejor estilo, con sonoridades ‘honky tonk’ con Sergio Valdehita a las teclas y aderezando todo de esa sensación de rock de barra de antaño.

Energía como «Dispárame» o el brío y naturalidad de quien sigue disfrutando componiendo «Estamos como queremos», dejan ver en sus formas, sonido y en la típica presentación de banda.

Aplausos y algunos coros en los que escuchábamos «Rubén, Rubén, Rubén» al unísono para encontrarnos con «La chica de la curva» mientras que la mencionada anteriormente «El puto amo» dibujaba el gamberrismo de una ciudad en la que bien podríamos encontrarnos en el bar de la película ‘Abierto hasta el amanecer’ aunque el vampiro de Rubén haya dejado atrás la inmortalidad que lo convierto en un humano.

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Rubén Pozo

Su esencia y nostalgia llegaba en «Grupis» con el público cantando al rock and roll, mientras que los coros y aplausos acompañaban un fin de fiesta en la que sonaban «Margot», «Chavalita» y la eterna «Madrid» en la que volver a nuestro rincón favorito, en esa ocasión, convertido en una sala de conciertos donde los 50 suenan más que bien.

Una noche cincuentona en el mejor sentido de la palabra, la ciudad del rock en la que durante hora y media pasamos de lo que ocurre fuera para soplar las velas de un músico que vive orgulloso y estiloso en «50town».

Texto y fotos: Miguel Rivera