Rulo ha conseguido con el paso de los años una cosa difícil en la música, la de mantenerse y forjar una leal base de fans que siempre está ahí, quizá por eso y deudor también del formato, ha decidido grabar un nuevo disco en directo como «Una noche en el Botánico».
El músico de Reinosa afincado en Madrid reconoce que es su lugar preferido para tocar e ir de público, es por ello que siguiendo «Una noche en…» y sin retocar nada, encontramos un bonito álbum en vivo que sumar a su exitosa carrera.
Rulo hace balance ahora de forma sincera del camino, del afán de los artistas por llenar un WiZink, del consumo actual o de la que es su primera novela «Cuestión de suerte» que coincide en tiempos con el lanzamiento del álbum en vivo.
Sigue mostrando esa ilusión intacta por su querido oficio, aunque reconoce una mayor necesidad de tiempos para poder facturar discos de estudio. Hablamos con uno de los artistas del rock patrio más queridos en esta etapa entre directos y libros.
¿Qué te lleva a grabar un directo en Las Noches del Botánico?
Pues mira, creo que un disco en directo es una radiografía, una fotografía del momento de forma, musical y personal y de público incluso. Eso por un lado y, por otro, ya habían pasado 11 años sin grabar un disco en directo y tenía el marco idóneo, porque a raíz de «Una noche en el castillo», que fue en un castillo medieval, creo que para grabar un directo es importante dónde se realicen, tienen que ser en sitios muy emblemáticos y en este caso El Botánico, sin que nadie se me enfade, es el mejor sitio de Madrid, tanto para tocar como para ir de público.
Yo voy muchísimo como espectador, 3 o 4 veces al año, no voy más porque me pilla de gira y he tocado dos veces allí. Y ya voy a seguir un poco a la estela de «Una noche en el castillo», «Una noche en el botánico» y tengo ya la siguiente «Una noche…» en mi cabeza, sé dónde va a ser, cómo se va a titular y qué formato será.
Es el primer disco en directo en el que no hemos metido mano en nada, no hay retoques, no he retocado ni una palabra que estuviera mal y es verdad que no está todo el disco, pero es que de lo contrario tendría que hacer un álbum triple. Es un poco igual la pega, hay gente que se ha quejado un poco pidiendo que fuera doble o triple, pero al final sacar un disco en directo y físico es lo que es, prácticamente como montar un videoclub en estos tiempos.
Un año después de tu último disco de estudio «5», ¿qué balance haces?
Pues justo ahora que pasado un año es cuando puedes hacer un poco balance de él. La verdad es que siempre que sacas un disco estás con mucha emoción, yo nunca digo que es el mejor que he hecho, es un «error» de los artistas pero es un error legítimo que viene por la ilusión, pero es que eso al final lo decide el público y el tiempo.
Ahora con el tiempo veo que es un disco importante en mi carrera, como lo fue tal vez el primero y como «El doble de tu mitad». De hecho, de los 5 creo que de estudio, no sé, a día de hoy creo que igual los 3 más importantes son esos, «El doble de tu mitad » y este.
«Señales de humo» fue muy importante en mi carrera pero en el segundo me precipité, no me arrepiento de ninguno de ellos, pero sí que hubiera esperado más a sacar el segundo porque creo que le faltaban dos o tres canciones de más peso.
De hecho, ¿sabes dónde se ve la importancia de cada disco en el repertorio? Las que toques después en vivo. ¿Cuántas han quedado de clásicos? Del primero se han quedado varias como «La cabecita loca», «Heridas de rock and roll» y «Mi cenicienta», esas tres mínimo, esas no las puedes quitar en tu vida. En cambio, del segundo solo está «La flor» que es un clásico más para el fan, pero igual no para todos los públicos.
¿Qué son para ti Madrid, Reinosa y Santander?
Bueno, hablaría de Cantabria y Madrid que son mis dos lugares, son los dos sitios en los que tocas y te pones muy nervioso porque te viene a ver mucha familia, sobre todo Cantabria y luego Madrid, que para todo artista es el gran concierto que das en la gira.
Mis discos en directo están grabados en Cantabria y en Madrid. Madrid es el sitio a donde siempre dije que nunca iba a venir a vivir, yo me vine por amor, que creo que es una cosa más bonita todavía que el curro, y vivo a caballo entre Madrid y Cantabria, pero más aquí. Para mí es tentado decirme «voy a vivir a Reinosa», porque echo de menos la montaña y mi vida tranquila ahí, pero claro, yo por mi curro sí puedo, pero mi pareja no.
Por otro lado, para un músico vivir en Madrid es como un niño que vive en Disney World, donde voy al fútbol, voy mucho al Wanda y al Bernabéu, también a ver el básquet, que me gusta mucho, al WiZink, a obras de teatro también porque mi mujer ha estudiado arte dramático, y tenemos muchos colegas también que están metidos en el mundo del cine y del teatro, estamos todo el día con ello, es una ciudad llena de estímulos para crear y sirve de inspiración.
El WiZink Center ¿debe ser una meta o un resultado?
Parece que es la meta y es un error, para la gente joven, digo. Yo no me considero un artista de WiZink Center, no llené pero sí metí como 9000 personas, quiero decir,parece como que tiene que ser el fin el llenarlo, lo que quiero decir es que hay que disfrutar del camino y lo digo sobre todo de cara a la gente nueva.
Yo la primera vez que toqué en Madrid se llamaba El Laboratorio. Cuando toqué con La Fuga era un garito de Malasaña donde salimos con 80 personas, y de ahí al Chesterfield Café, después a La Sol y de ahí a Caracol, o sea, fue todo así, pum, pum, pum, y luego Aqualung sin llenar, después lleno, saltando a La Cubierta de Leganés y ya luego hicimos varios WiZink Centers.
Parece que hay una pequeña obsesión entre todos con llenar el WiZink, pues tío, donde más disfruto tocando en eléctrico en Madrid es en el Botánico o La Riviera que es mi casa, cuando hicimos tres noches en la Riviera no tuve nervios, en cambio el WiZink te mete mucho estrés, como no te vaya bien la pre-venta y no sé qué, tienes que empezar a apretar mucha promoción y eso a mí me resulta cansino, yo no me quiero someter a esa presión.
Acabas de lanzar tu primera novela «Cuestión de suerte» (Suma de letras) ¿Es más complicado un libro que escribir un disco?
Sí, estoy promocionando ambas cosas. Cuando hablo de un disco en directo la creación no cuesta nada, porque la banda venía súper rodada. Con un disco de estudio te estaría aquí hablando hecho polvo, con la esponja totalmente absorbida de la creatividad, y esta primera novela, a diferencia de los otros libros, me ha hecho manchar toallas de sudor, me ha costado cientos de horas, ha sido divertidísimo y he aprendido un huevo, pero hostias, menudo curro hay detrás.
Le pasé el manuscrito a mi pareja, que es la más dura del mundo, te lo juro que hay canciones que si las enseño sé que me las va a tumbar y me va a joder la noche, pero es estupendo tener una pareja así. Y luego se lo pasé también a Gonzalo Albert, mi editor, no tan cruel como María, porque por cariño creo que no tiene tanta confianza. Les dije con voz pequeñita «oye, estoy escribiendo esto, tranquilos que no lo quiero publicar» ya como liberándome de presión, porque la palabra novela me imponía un huevo, y los dos me devolvieron un feedback de decir: «me he enganchado a Roi, quiero saber más» y ahí me lo empecé a creer, en el buen sentido de la palabra, me empecé a creer que lo podía terminar, no publicar que eso es otra cosa, y luego he acabado pasándomelo muy bien.
Ha sigo complicado, un camino de casi dos años, dos retrasos en la editorial, porque me quedé estancado en la mitad, y Gonzalo me dio una clave, me dijo, «no pienses en el final, si piensas cómo tiene que acabar, no vas a avanzar» y volví a fluir para llegar al final.
Quiero decirte que son dos proyectos muy diferentes, pero en una novela hay tanto curro como en un disco de estudio. Yo ahora no puedo hacer un disco cada año y medio, he compuesto casi 200 canciones y tengo el disco duro con mis tiempos. Un nuevo grupo como puede ser Arde Bogotá sí, ellos están fluyendo y creciendo, tienen el disco duro de la creatividad vacío para componer. Yo con tantos discos y canciones necesito dos o tres años seguro para componer.
Teniendo en cuenta el título de la novela, ¿la música es «Cuestión de suerte?
Para mí la música es trabajo, mucho trabajo, conozco mucha gente talentosa que se le cae el talento por los bolsillos, pero ha sido muy desastre, y tú también los conoces, gente de la que dices: «qué talentazo, qué canciones, y qué desastre de carrera», o igual no qué desastre, pero este tío tenía que estar llenando WiZinks con la gorra. Creo que no lo puede hacer todo el trabajo y no lo puede hacer todo solo el talento, tiene que haber no sé qué cojones más, hay un ingrediente más que no sé por qué, amigos míos, que igual creo yo que tienen más talento que yo o que curran más que yo, no les va como a mí, y al revés, y otros que dices, joder, igual no tiene tal, pero de repente le está yendo muy bien.
Analizando mi carrera soy un afortunado porque me he mantenido cuando otros han tenido caídas.
¿Qué te da cumplir años?
Saborear más las cosas, saborearlas y no fijarme tanto en la meta, lo que hablábamos antes, antes parecía que el objetivo era llegar a tal, y hasta que haces eso, sea cual sea tu objetivo, una novela, un disco, o que un disco tenga un cierto éxito, luego un estadio son dos horas y te vas a tu casa, si no disfrutas del camino esto es una auténtica pérdida de tiempo, y muchos artistas que han tenido gran éxito o una trayectoria, cuando llegan y cumplen años, dicen, «joder tío, todo esto que me pasó no lo disfruté».
Los viernes se lanzan muchísimos discos, ¿no te da vértigo pasar por momentos desapercibido entre tanta oferta?
La verdad es que si piensas en lo tuyo, casi ni lo lanzarías. Yo pienso más en que yo quiero estar al día y escuchar la música que escucha mi hija, estoy todo el rato queriendo escuchar cosas nuevas y no me da. Pero ni me da la música que se saca, ni me da con los libros que se publican.
Aunque tuviéramos una excedencia y nos dedicáramos sólo a escuchar música y a leer libros, y a ver pelis y series, no nos daría la vida. Es verdad que los discos tienen una vida muy corta, por eso, cuanto más público fiel tengas…
Yo, por ejemplo, cuando soy fan de un artista, lo soy de todas sus etapas, de la más rock, de la menos rock, de todas. Y soy fan para siempre. Sin embargo, creo que el público joven la música la utiliza más como ocio.
También te digo que es casi mejor no estar en la primera línea de guerra ¿sabes? Porque esa primera línea está llevando a muchos artistas a tener problemas mentales muy gordos, y yo me meto en la cama y duermo bien. Precisamente porque creo que no estoy en esa primera línea de fuego.
¿Nos hemos vuelto locos con los grandes conciertos pagando pastizales?
Me gustaría que saliera aquí un debate y que se hiciera la prueba de cuánta gente iría y pagaría de no poder contarlo en redes sociales porque no pudieran usar el móvil, como hizo Bob Dylan.
Eso es parte del llamado FOMO , el «tengo que estar ahí», pero luego me sé una canción o dos del artista.
A mí me gusta Coldplay aunque no soy gran fan pero me acuerdo cuando tocaron en Montjuic, no sé cuántas noches, yo estaba en casa y ¡joder! me daban ganas de poner un story y decir «el único que no ha ido, el único gilipollas», pero de ponerlo. Se ha creado una movida de que si no estás parece que pasa algo, entras en ese círculo.
¿Cuánta gente va a ir a Oasis exclusivamente porque lo va a poner en redes sociales? Mucha, no sé cuánta. Y eso es lo que están creando las redes sociales. Para esos músicos es de puta madre, en especial para Oasis, que están forrados, lo es especialmente para los grandes, pero para el que toca en una sala es otro rollo, porque parece que es bueno para la música en general pero es solo para los muy grandes, que son quienes se benefician de esa rueda.








