THE 1975

WiZink Center, Madrid / Live Nation

27/02/2024

Con poco más de diez años de historia y cinco discos a su espalda, el grupo britántico The 1975 se ha convertido en todo un estandarte de una generación. Comandados por el carismático y particular Matty Healy, la banda se erige como una de las referencias de la última década con un enfoque sonoro distinto a la par que único.

Los británicos han ido aminorando la marcha, dando forma a un estilo que arrancó con pose y energía para ir mostrándose más sensuales y creativamente emocionales, como bien dibuja su notable última obra «Being funny in a freign language» en la que el piano, lo ochentero y romántico dan cabida un terreno musical en el que la banda ha dado el golpe definitivo.

Después de experimentar en su anterior obra y manejarse como referencia alternativa inglesa en sus comienzos, la banda volvía a Madrid con su show «Still… At their very best» del que pudimos ver algo en forma de pincelada en el pasado Mad Cool para ahora traer todo su espectáculo al WiZink Center madrileño.

La banda define muy bien lo visual en cuanto a teatro, con Healy amo y señor de la escenografía, ingente y elegante formato de vivienda, esa de la que abrían las puertas de par en par para ofrecer su espectáculo, redefinido en sonidos de envergadura, que mira a los 80 y que visten de etiqueta para manejarse entre la frescura y los momentos más íntimos.

Una casa en dos alturas, de lo más acogedora y bonita, sirven de teatro musical para un repertorio majestuoso que se apoya en músicos talentosos, un potente sonido, que suena igual de bien en las partes lentas, aparentemente en su recorrido inicial que contrasta con la recta final apoteósica y bailable de una película americana de los 80.

matthew healy the 1975

Su directo, partía del griterío absoluto por cada nuevo acorde que entraba en el arranque de las canciones, todo con un Matthew Healy que interpreta como pocos, capaz de convertirse en músico y actor a medio camino entre cantante adolescente y chico malo que con cualquier gesto enamora al respetable., mientras toca el piano, se arrastra en el suelo, bebe, se tumba o fuma.

Un concierto en el que nos movíamos como ángeles bajo luces de mesilla y operadores de cámara que nos metían en una especie de función teatral que sabe leer muy bien Healy, moviéndose entre mesas, sofás, tejados y escalerillas. El sonido de «Looking for somebody (To Love)» retrotrayéndonos a sonidos del pasado, el gusto del saxo y la mágica voz secundaria e incluso protagonista en ocasiones de Polly Money, también guitarrista, se fusionaba muy bien con su carismático líder.

Qué podemos decir cuando hits como «Oh Caroline», el brillo nostálgico de «Happiness» nos ponía a bailar o profundiza en ese amor que es su música en cortes como «I’m in love with you» y «A change of heart».

Todo suena en su sitio, ocho músicos haciendo lo que mejor saben, con Healy brillando como ídolo magistral sobre el escenario. Pocas palabras y mucha música para que el teatro sonoro siguiera su ritmo, cálido y lento, en una parte central compuesta por «Me», «You» o «Robbers» que calmaban al personal, todo con distracciones muy bien forjadas con televisores y críticas televisivas con Matthew adentrándose literalmente en un televisor para dar paso al emotivo ritmo acústico de «Jesus Christ 2005 God Blessed» que su corista Polly Money interpretó a la perfección.

Tiempo era de cambiar la casa, con operarios recogiendo sobre el escenario como si de un montaje sobre las tablas de un teatro se tratara y adentrarnos en el ritmo frenético y bailable de un reperotorio infalible con «I you’re too shy» que nos puso a bailar a todos, «TOOTIMETOOTIMETOOTIME», «It’s not living» o «The sound», mientras con que «Give yourself a try» pusieron a todo el estadio a saltar, representando la locura generalizada entre el público que se mantuvo igual durante las dos horas. Y así llegábamos disfrutando como pocas veces de un final que marcaban «Sex» y el durísimo y rockero final de «People», terminando de manera muy diferente a como comenzaron y dejando ver su rabia punk nunca olvidada.

Una obra inmensa de 25 canciones en una función que podríamos llamar «La casa del talento» que se magnifica por la propuesta visual tan cuidada y por la diferenciación de un grupo que ha evolucionado de manera notable para dotar a su música de alma y mucho corazón.

Miguel Rivera