Palacio de Vistalegre, Madrid
22/10/2025
Sin haber cumplido aun los 30, Yungblud se ha convertido sin duda en una de las referencias del rock para las nuevas generaciones. Lo ha conseguido gracias a su presencia, sus enérgicos conciertos y una actitud rebelde, disruptiva y crítica también con lo que preocupa a los jóvenes.
Uno de esos artistas capaces de llenar pabellones pero criticar en programas de radio también el alza de precios de las entradas en festivales en un momento en el que decidió montar el suyo propio Yungfest para entender la música como algo asequible para los mortales.
Encumbrado con cuatro discos a la espelada, su más reciente álbum «Idols» fue lanzado en junio de este 2025, una nueva demostración de talento con un rock amplio y que bebe de influencias clásicas, no extraña que fuera «bendecido» por el mismísimo Ozzy, al que rindió tributo junto a Steven Tyler en los EMAs de Nueva York, que hata colaborado con Halsey, Willow, Avril Lavigne o Travis Barker o que los propios Aerosmith hayan querido colaborar conjuntamente en un EP que saldrá en noviembre (One more time) y del que tenemos un estupendo single «My only angel».
Un currículum ya de lo más rockero del que vimos una buena muestra hace dos años en Mad Cool y que ahora traer a Madrid en su única fecha de presentación de «Idols» en España».
HÉROE DEL ROCK MODERNO
Sonando de fondo «Warpigs» y consolidando su amor por Black Sabbath, con 15 minutos de retraso y poniendo en duda el lema de la puntualidad inglesa, salía la banda entre gritos que iban a más con la salida de un Yungblud con chaleco de leopardo sin mangas y gafas de sol, dibujando una rock star de las que se veían en otras décadas, cuyos bailes y sensualidad bien recuerdan al Axl Rose más noventero.
Y justamente eso es lo que iba a ofrecernos el «chaval», rock del de antaño, donde las guitarras vuelven a emerger donde el estilo canalla luce en un potente «Hello Heaven, Hello», solo afeado siempre de alguna manera por la acústica de Vistalegre, que aun así nos dejaba vibrar con ese estribillo a lo Def Leppard, porque este tipo recoge influencias de aquella época con brillo.
Sorprende y se agradece que haya arrastrado a un público tan joven, mucho del mismo femenino, propio de un fenómeno fan que, lejos de abrazar el protagonismo de sonidos urbanos lo hace con el rock por bandera, lo que siempre es bueno para el género.
Poco duraba «vestido», ya que el artista se quitaba en «The Funeral» la parte de arriba para afrontar un concierto de hora y media clavada sin la parte de arriba, santo y seña ya de su estilo, con el que dibujar bailes sensuales, aguerridos por momentos y con el micro en cintura en muchas ocasiones, gamberrismo y gritos de «te amo» y «arriba esas manos Madrid».
Suena en muchas ocasiones a ese rock de los 80 de tatuajes, humo y mala leche, pero si en algo destaca es porque sus conciertos y música juegan a todo, porque de pronto tira de cierta épica más pop en «Idols Pt. 1» como te ataca con un rock más descarado y noventero «Lovesick Lullaby» de estilazo inglés. También maneja el fuego y la propuesta macarra de «My Only Angel», esa colaboración con Aerosmith para el que podría ser el Steven Tyler del siglo XXI, boca y lengua mediante.
Hay momentos, diría que casi todos, en los que Yungblud se convierte en músico de circo, con saltos y carreras que transforman al inglés en una especie de «runner» sobre el escenario, ese en el que hay mucha sintonía con el público, reiteraciones al «te amo» dando paso a un fan subido al escenario guitarra en mano para vivir su momento estelar con el hit «Fleabag». Servía esta canción para dejar al personal ensimismado con su destreza a la guitarra y acabar subido a los hombros del propio Yungblud, uno de esos músicos cercanos que se dejan querer por su público, terminando subido entre el público.
Yungblud, es toda una montaña rusa musical, de las estrellas del rock angelino de antaño, que tan pronto te canta un «Lowlife» socarrón con aires raperos que rinde tributo a su amado Ozzy con la balada «Changes», otro símbolo que agradecer por dar más a conocer la música de Black Sabbath.
Cambio de tercio con «Fire» con movimientos sexuales y llevando a pensar que Yungblud recoge de forma bien aprendida muchas de las bazas estilísticas tanto en sonido como en su fórmula visual del rock del siglo XX.
Problemas de micro antes de irnos al bis y volver en tono más emocionante con «Ghosts» nuevamente con confeti mediante y terminar, ahora sí y cumpliendo con las expectativas con su hit «Zombie», no confundir con The Cramberries, un tema viral de TikToks y muchos Reels por todo el universo Yungblud, capaz de brillar en un cierre musical con una balada, algo a lo que pocos se atreven.
Un concierto de muchas guitarras, devolviendo el protagonismo que merecen, poniendo el macarrismo en lo alto, todo disfrazado de fórmulas también del siglo XXI de un rock cuyo formato, el del joven inglés, es una atracción de feria que bebe de todo y de todos, desde la gran boca musical de Steven a la lengua infernal de Gene Simmons y la sensualidad canalla de un Axl Rose desatado.
Hoy hay más «Idols» de Yungblud que ayer.
Texto: Miguel Rivera
Fotografías: Ricardo Rubio









