LA TRINIDAD

El grupo malagueño La Trinidad ha dado todo un paso adelante en lo que es su segundo disco «Sheriff Playa». La banda evoluciona de manera notable con un trabajo bastante diferente pero de indudable valía en donde juegan con un sonido crudo a veces y bailable en muchas otras. Producción de Carlangas y muchas ideas sonoras que plasman sin miedo alguno y destacando de manera notable en la escena nacional. Hablamos con ellos ante tal forma de encarar una siempre peliaguda segunda obra.

Lo primero es hablar del cambio musical o evolución, porque hay un sonido diferente con respecto a vuestro primer disco, ¿qué os lleva a ello? ¿Ha sido buscado o natural?

Nos consideramos una banda con expectativas creativas ambiciosas, nos gusta aprender y probar cosas nuevas. Para nosotros no tendría demasiado sentido caer en fórmulas y repetirlas, si fueran de gran éxito hasta tendría un pase esa idea, pero como no lo son, un problema menos para nosotros, más vía libre y menos compromiso con la maquinaria fast-food de playlists, grandes compañías, etc. En un primer momento teníamos más influencia del garage, después nos sentimos más cómodos en torno a géneros aledaños al power-pop. Publicamos tres EPs y un LP, era el momento de dar un pequeño salto. Se ha tratado de un movimiento natural, somos músicos en constante formación, que nos gusta investigar nuevos sonidos y artistas de aquí y de allá… Y también creo que la vida antes y después de la pandemia nos ha llevado artísticamente a otras ideas que nos eran más atractivas, respecto a nosotros mismos y respecto a la industria.

¿Qué habéis aprendido en este espacio de tiempo? ¿Habéis notado presión propia de lo que supone un segundo disco en la carrera de una banda?

Este disco principalmente nos ha asentado como mejor banda, la sensación interna con este álbum es que somos un grupo de pleno derecho, con una propuesta artística y estética cuidada. Estamos marcando un camino más propio y este segundo trabajo, lejos de encerrarnos en la sensación de haber encontrado un camino, nos ha dejado muchas puertas abiertas a nosotros y también a nuestro público y a los oyentes que están por venir.

Sabemos de la importancia de un segundo álbum pero, ¿y qué más da? Es algo que, por suerte, no nos exigía nadie, ni nosotros mismos realmente. Este el disco que siempre quisimos hacer y por una cosa u otra, no habíamos hecho todavía. En cualquier caso, estamos muy orgullosos de nuestra trayectoria.

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«6:30″ es sin duda uno de los cortes más críticos y directos, ¿nos dejamos llevar por un sistema capitalista que en muchas ocasiones puede convertir a la gente en poco más que esclava?

Nos dejamos llevar porque no hay otra opción. Cuando vives dentro de un sistema político tan absorbente como este, escapatoria hay poca, lo que hay son parches, espacios y comunidades en las que uno puede aportar mucho en términos de micropolítica. Hay gente a la que por clase no le corresponde que vive muy cómoda dentro del capitalismo, yo (Sixto) particularmente no, pero pienso que no se puede culpabilizar abiertamente a nadie por ello. Independientemente con este disco he preferido reducir lo explícito y pulir el mensaje de las letras; hemos preferido dotar nuestra manera de hacer música de un contenido político de otra manera, como puede ser sacar un disco como este o usar muy pocos elementos. También se puede hacer política desde la estética y empujando un poquito más los límites de la producción y la composición.

Y en la música, ¿qué tal se vive?

Románticamente hablando con mucha ilusión, pero materialmente de momento ninguno dependemos económicamente de la música, estamos muy lejos de vivir de ella. Es una industria tremendamente precaria y tenemos que hablar más de esto. También deberíamos organizarnos y sindicarnos. Es una carga muy grande, tenemos que trabajar toda la semana, hacer malabares con nuestros horarios para sacar tiempo… es otro trabajo más y del que recibimos muy poco a cambio. Es muy complicado para un grupo de nuestra categoría vivir de la música en España.

¿Qué os lleva a contar con Carlangas en la producción?

Siempre hemos sido muy fans de él, de su música, de su faceta como productor, su visión artística… Nos conocimos hace años por casualidades de la vida, nos hicimos muy amigos y acabamos haciendo el disco juntos. La verdad es que hay poco misterio y se trató en todo momento de algo muy orgánico, hay una chispa entre nosotros que existe. Estamos muy contentos de poder haber trabajado con él a este nivel.

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¿Qué tal se está en Málaga y cómo es allí la escena musical?

En Málaga por lo general se está bien, pero tenemos una desafección muy grande hacia nuestra ciudad en este momento. Se ha convertido en un resort low cost, un parque temático donde se está arrasando cualquier rastro de identidad y a muy bajo precio. Estamos muy desencantados. En un proceso tan duro de gentrificación y tan rápido, la ciudad se hace más difícil de habitar, los alquileres suben una barbaridad… y evidentemente el lugar que queda para la cultura se estrecha. Hay una escasísima infraestructura para el circuito independiente y ninguna voluntad política. Por suerte están saliendo nuevos grupos y muy jóvenes como Quirkyoddgirl o Mal Viaje. De la misma manera que también se están consolidando cada vez más artistas como Sarria y Lord Malvo.

No suelo preguntar por títulos pero, ¿qué esconde el de «Sheriff playa”?

‘Sheriff Playa’ era un chiringuito de la playa de El Palo, un barrio de pescadores es Málaga. Fuimos allí con Carlangas cuando empezamos a trabajar el álbum y casi acabamos estrellados contra un espigón subidos a un hidropedal esa tarde. Nos gustó el nombre del sitio porque pensamos que sería algo que le haría gracia a Joe Strummer. Este disco ha sido como un viaje para nosotros, tenemos muchas influencias de muchos lugares del mundo y hemos ampliado ese horizonte. La idea de hacer un mapa con un territorio propio y comunitario al mismo tiempo, así como ponerle ese nombre, era algo muy apropiado dentro de todo el concepto que hemos generado y vivido a lo largo del proceso de creación del disco.

Con vuestro sonido, ¿cómo de fácil o difícil es meter la cabeza en festivales?

Eso lo podremos comentar el año que viene. El disco ha salido fuera de temporada de contrataciones, justo a las puertas del verano. Pero es muy complicado y tampoco es nuestro principal objetivo. En general creemos que cada vez es más difícil entrar en grandes carteles, la dinámica festivalera ha virado hacia algo muy masificado y mercantil, han cambiado el formato de manera paralela a cómo lo han hecho las ciudades (como lo que comentábamos antes de Málaga). Tenemos muchas esperanzas en festivales más pequeños y de formatos medianos donde el trato siempre es mejor y se premian los carteles coherentes y con gusto.

En cuanto al formato disco, en un momento en el que consumimos tanto contenido y de forma rápida, ¿creéis que sigue habiendo espacio para el disco como concepto?

Sí, por eso seguimos haciéndolos. Existe la idea de que los discos no sirven de nada, que nadie los escucha… Bueno, tal vez te pase si no haces discos buenos o te dedicas a hacer álbumes que son poco menos que un recopilatorio de temas calcados uno detrás de otro. No es nuestro caso ni el de otros muchos artistas. Creo que los músicos tenemos una responsabilidad muy grande en este aspecto, la industria puede demandar jingles de TikTok con una coreografía incluida que si nos posicionamos y dignificamos nuestro trabajo, poco tendrán que hacer (al menos quienes pertenecemos al underground). Por otra parte, puedes pasarte la vida sacando singles y colaboraciones sueltas que eso acaba pasando factura.

Y en cuanto a la forma de escuchar música, ¿no tenéis la sensación de que vamos tan rápido y que tanto lanzamiento hace que perdamos el foco y no prestemos tanta atención a las cosas?

Desde luego. La mejor inversión que he podido hacer para evitar caer en esa sobresaturación es haber invertido en un buen tocadiscos y un buen equipo. Escucho mis discos físicos más que en Spotify. Eso lo uso para picotear entre novedades, para que me pasen música nueva, también como una herramienta de trabajo con el grupo… Pero verdaderamente lo que más disfruto es escuchar lo tengo en mi colección, y prefiero escuchar un disco 50 veces a escucharlo sólo una y olvidarme a la media hora. Me gusta coleccionar y poder tocar los discos, leer tranquilamente los libretos, ver las fotos, recordar cuándo y dónde compré cada uno… Es una manera más romántica de escuchar música y menos operativa para estos tiempos pero me he dado cuenta de que disfruto, aprendo y la valoro más. Y es compatible con las facilidades que ofrecen estas plataformas.

El haber podido girar dentro del circuito GPS, ¿ayuda a un grupo como vosotros?

Claro, entre hacer una gira a fondo perdido y hacer una gira con un fijo asegurado te cambia bastante la película. Hemos disfrutado mucho porque hemos decidido hacer la mayoría de conciertos por el norte, que es lo que más caro nos sale siempre por cuestión de kilometraje. Sabíamos que podríamos funcionar allí y así ha sido. En vez de quedarnos más cerca y cobrar más, hemos preferido ganar menos y ampliar nuestra zona de influencia. Ha sido una gira muy agradecida en términos personales y de público para la banda. Envidiamos mucho el circuito de salas y el trato que hemos recibido allí.

Cuesta lo suyo llevar a la gente a las salas, pero los grandes festivales de cientos de euros se venden, ¿pueden converger ambas cosas o una se come a la otra para los bolsillos medios?

El pez grande siempre se come al pequeño. No creemos demasiado en las medias tintas visto lo visto.

Para el que se acerque por primera vez a La Trinidad, ¿diríais que empezara desde «Sheriff playa» o «Los edificios que se derrumban?

Con ‘Sheriff Playa’, siempre es mejor pillar a una banda en el momento más vivo. ‘Los Edificios que se Derrumban’ es un disco que ya se hizo hace tres años, mejor pasar página. Lo que venga se parecerá más a ‘Sheriff Playa’ que a todo lo anterior, eso por descontado.

¿Un sueño?

Que la música nos dé pasta de sobra como para comer en chiringuitos de El Palo semanalmente y poder invitar a nuestros amigos.

Miguel Rivera