Espacio Iberdrola Music, Villaverde
Sin duda alguna y con el paso de los años, Mad Cool ha ido renovándose en lo que a propuesta musical se refiere. Como antaño, el evento sacaba músculo de unos cabezas de cartel eminentemente rock, un line up centrado y mucho en las guitarras que ha ido abriendo campo a tendencias más pop y eclécticas, nuevos grandes artistas y otros géneros para convertirse en un evento transgeneracional en el que quepa un público tan variado en estilos como en edades.
Esta nueva edición viene contando con nuevos nombres de la escena internacional que, viendo las primeras horas de la tarde, se nota vienen acompañadas de veinteañeros y casi adolescentes, muchos padres y madres con hijas que quieren ver a fenómenos como Gracie Abrams, Benson Boone y Noah Kahan.
Dicho esto, la segunda jornada al igual que la primera salió victoriosa por el lado de las guitarras. Si el primer día fueron Muse, la jornada del viernes vino marcada por el regreso al festival de la leyenda Nine Inch Nails.
A las 00:20h salían a escena con su arrolladora propuesta musical, ese rock industrial alocado, ejecutado a la perfección y cuyos visuales de luces son capaces de darnos epilepsia.
La banda comandada por Trent Reznor es una absoluta demoledora sonora. Todo funciona con una estremecedora oscuridad musical, ritmos machacones que de pronto vira la voz de Reznor mientras asistimos en las pantallas a la emisión del directo en forma de videoclip acelerado y cinematográfico en blanco y negro apabullante.
Tanto como las imágenes todo se mueve a velocidad endiablada. Si siete años antes demostraron ser únicos sobre el escenario anoche hicieron igual. Enloquecíamos con «The beginning of the end», «Wish» y la brutal «March of the pigs». Todo es grandilocuente, el sonido bestial y es capaz de dejar en la nada otras actuaciones por su potencia.
Es una especie de coloso en llamas incendiario, dejan con la boca abierta aunque no te gusten porque es rabia desatada pero manejada como pocos. Un recital mayúsculo de rock industrial con un peso eterno en clásicos como «Piggy», «Closer» y «Hurt» que calentaron un ambiente de lo más frío por el viento que coprotagonizó la jornada. Una experiencia extrasensorial de los oscarizados Trent Reznor y Atticus Ross que, además de inmensos con su banda, son talentos compositivos cinematográficos de Oscar, amén de un concierto de película.
Lejos quedaron los problemas de sonido de la primera jornada, que no de movilidad, ocurriendo todo ambos días con normalidad y equilibrio, que ya demostraron el año pasado se podía conseguir.
Tras el guantazo en la casa de NIN, la jornada contaba con la esperada nostalgia de Alanis Morissette. Cerca de 50.000 personas empeñadas en recuperar la juventud perdida, y otra que venía a ver por primera vez a una artista que lo fue todo hace 30 años.
Alanis tiró de rotundos éxitos como se esperaba, «Ironic», «Hand in my pocket» o «You learn», éxitos de «Jagged Little Pill», disco que cumple nada menos que 30 añitos.
La chispa de sus inicios es ahora, tras su vuelta, madurez musical que otorga una mayor presencia sobre el escenario, ese desde el que preguntaba «cómo íbamos», para un público madurito también pero donde y, aprovechando el tirón de otros artistas jóvenes, vio cómo alguno que otro de la Generación Z la descubría.
Sigue mostrando desparpajo, una esencia brillante y amable, reteniendo una de las voces más características (y únicas) de la escena rock de los 90, en una época entonces dominada por la masculinidad.
En el resto del día, las alegrías juveniles las dieron un Benson Boone con reciente nuevo disco. Las pulsaciones fueron a más con el saltimbanqui musical, convertido en una de las estrellas pop norteamericanas, que se llevaba gritos cada vez que se lanzaba desde lo alto o daba una de sus famosas volteretas mientras sonaban cortes como «My electric blue» o la pegadiza «Mystical magical», con niñas de pocos años junto a sus madres cantando la canción de principio a fin.
«Young american heart», «Cry» y, por supuesto, su himno «Beautiful things» dejaban a todos contentos en uno de esos conciertos con el sol ajusticiando que refrescan a cualquiera.
Y otro de los artistas que se dejaba caer por primera vez era Noah Kahan, otra voz en pleno ascenso, que también arrastra fenómeno fan apoyado en colaboraciones como la de Gracie Abrams que actuó justo la jornada anterior. Hay pasión y sentimiento en una actuación en la que los sonidos folk y pop se fusionan de forma notable con un estilo visual elegante aunque las canciones suenen demasiado iguales.
Y por supuesto el rock de Jet, esa banda prácticamente olvidada que ocupaba un puesto demasiado grande en el cartel para retener, al menos, rock con energía y el hit que les valió todo: «Are you gonna be my girl»
Una jornada sin sorpresas, que fue de más a menos en cuanto a calor, y que cerraba las puertas antes de abrir a un último día en el que las grandes estrellas serán Olivia Rodrigo, Thirty Seconds to Mars, Arde Bogotá y Finneas entre otros.











